09 enero, 2009

¿CREEN LOS CIENTIFICOS EN DIOS?.......

Recorrido histórico Para llegar a este punto, y teniendo en cuenta que la existencia de la idea de Dios va pareja con la existencia del hombre sobre la faz de la Tierra, han sucedido muchas cosas. Hagamos una pequeña síntesis.
Los científicos están de acuerdo con que el debate que se argumenta en este artículo es un debate relativamente reciente. Si la Edad Media es una época más que oscura, y en la que nos detendremos más adelante, hasta la mitad del siglo XIX Ciencia y Religión, en lo que a occidente respecta, no encontraban motivos de divergencia. Tal es así, que la mayor parte de los hombres de ciencia pertenecía al clero y se explicaban el hecho científico en términos religiosos. En el siglo XVII, con la revolución científica surgida, la explicación de las maravillas descubiertas eran achacadas, sin reproche, a la creación de dios.

Fue en 1859, con la publicación de “El Origen de las Especies” de Charles Darwin, cuando se fragua el primer golpe serio a los argumentos del ser superior creador. A pesar de ello, y sin que la teoría de Darwin pretendiera socavar los cimientos de la creencia religiosa, muchos intelectuales de la Iglesia adecuaron el discurso de la selección natural a sus creencias religiosas. Tal es el caso del clérigo Charles Kingsley quien poco después de la publicación de la obra de Darwin, afirmaba que “un mundo en evolución es, desde un punto de vista teológico, aquel en el que las criaturas son libres de hacerse a sí mismas”.

A nivel bibliográfico, el inicio de la confrontación Religión-Ciencia surge con la publicación de “Historia del Conflicto entre la Religión y la Ciencia” de William Draper, publicado en 1874 y, veintidós años después, con “Historia del Conflicto entre Ciencia y Teología en la Cristiandad”, de Andrew Dickinson. Se ha llegado a la conclusión que el tratado de Darwin supuso la separación de ciencia y religión como disciplinas de manera definitiva.

En la Actualidad A pesar del avance de la Ciencia, y sobre todo de la investigación sobre el origen del Universo, muchos científicos sostienen que la creación no puede obedecer a una cuestión del azar. Para Richard Swinburne, catedrático de Filosofía de Religión Cristiana de la Universidad de Oxford, “las investigaciones más recientes sobre la estructura fina del universo demuestran que la materia inicial y las Leyes de la naturaleza tenían que presentar cualidades realmente especiales para que en él pudiera evolucionar la vida”.

Por el contrario, otros científicos afirman que conforme la Ciencia avanza, se desmantela la idea de dios, porque nada prueba su existencia. Otros, sin embargo, como el Nóbel de física Steven Weinberg opina que cuanto más comprensible se nos presenta el universo, “más falto de sentido se nos revela”.

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La Creación del Universo Lo que era un asunto plagado de especulaciones, se ha convertido en Ciencia. Ya no se trata de investigar el origen de la Tierra, pues se han superado ciertos conceptos y sabemos, desde hace mucho tiempo, que somos una partícula insignificante albergada dentro de algo infinitamente mayor.

El hombre ha sido capaz de poner la vista en el origen del universo. Si la luz de la estrella más cercana a nosotros tarda cuatro años en llegar, los más modernos telescopios logran “mirar” el universo en su etapa más temprana de su nacimiento hace quince mil millones de años. A pesar de ello, aún somos incapaces de saber qué había exactamente, justo en el momento anterior, a que se produjese esa gran explosión que originó TODO y que produce la continua expansión del universo, y que según recientes investigaciones, dicha expansión está en aceleración.
Siendo optimistas cabe pensar que al igual que hace apenas unos cientos años se descubrieron las dimensiones de nuestro espacio más cercano, "pronto" se tengan los instrumentos necesarios para tomarle la verdadera medida al lugar más recóndito, allí donde surgió el big-bang, donde comenzó la vida, quizás de manos del azar; quizás de manos de “alguien”.

El Principio Antrópico El físico teórico Brandon Carter enunció por primera vez en 1973 el principio antrópico, haciendo referencia al hecho de que la existencia humana y nuestra posición en el universo era claramente una posición privilegiada, si bien eso no venga a significar que seamos el centro del universo. Cabe puntualizar que este principio fue enunciado como argumento por Robert Dicke en un artículo publicado en la revista Nature en 1961, aunque fue en 1986 cuando, de la mano de John D. Barrow y Frank J. Tipler, vio la luz el más controvertido libro referencia del principio antrópico cosmológico. Dichos científicos explican el aparente cúmulo de casualidades o coincidencias que condujeron a la creación del universo y nuestra presencia en él, teniendo en cuenta que todo lo que nos rodea es necesario para nuestra subsistencia, y que todo parece obedecer a un plan preestablecido. De las distintas versiones posibles del principio antrópico, el denominado principio antrópico fuerte (SAP), supondría la aparición forzosa de vida inteligente como consecuencia cosmológica de la evolución del Universo. Sintetizando al máximo, todo esto viene a decir que el hecho de nuestra existencia no se debe a una casualidad, sino a una causalidad. Alguien, algo, lo hizo posible.

En contrapartida, y restando importancia a estas teorías, surge el pensamiento de Stephen Hawking, que ya en 2004, apuntaba que había un 98% de posibilidades de que surgiera nuestra universo al haberse producido la gran explosión o big-bang. Para Hawking, incluso nuestro “mundo” podría haber comenzado a existir sin que “nada” hubiese existido previamente.
Actualmente, los científicos están lejos de poder explicar las características del universo desde su nacimiento, al menos las fundamentales. Para alguien alejado de formación exhaustiva y necesaria en la materia, como quien escribe estas palabras, le surgen demasiadas dudas. Quizás porque está sometido a unas Leyes y a unos principios a los que la imaginación impide ir más allá. Así ocurre con las dimensiones conocidas, y así ocurre que es difícil comprender la teoría de las supercuerdas, o teoría M, con más pujanza en este momento y que explica que “cada punto de nuestro espacio tridimensional ordinario es en realidad el resultado de un primoroso ejercicio de papiroflexia sobre un espacio con seis o siete dimensiones adicionales”. (sir Martin Rees, astrónomo real británico y catedrático de la Universidad de Cambridge). Es complicado asumir cómo sería la existencia con otras dimensiones por mucho que alcemos la vista hacia el negro infinito del Universo y pongamos atención en lo que nuestra más fértil imaginación pueda concebir.

De todas las teorías sobre la existencia de un Dios creador que se han manejado en la Ciencia, quien escribe estas palabras se queda con las del ya mencionado Francis Collins, quien dice textualmente: “Si hubiera decidido crear humanos que pudieran mantener una relación con Él, ¿por qué no utilizar el mecanismo de la evolución para conseguirlo?” Y es que, esta teoría se fundamenta en que nuestra capacidad supera con amplitud la previsión evolutiva, algo que permite a los científicos ir conociendo la complejidad que nos rodea. La idea es optimista e imaginativa, sin duda. Dios nos puso aquí y nos da las herramientas para llegar hasta Él.

Galileo Galilei En “Diálogo Sobre los Dos Grandes Sistemas del Mundo”, Galileo se mofaba abiertamente de la teoría geocentrista imperante de Ptolomeo. Todo gira en torno a nosotros, a la Tierra. Galileo ya había observado que el Universo no era algo inmutable, que los planetas giraban alrededor del Sol. Pero no parecieron bastar sus explicaciones científicas, pues en el año 1633 es condenado a cadena perpetua, conmutada inmediatamente la pena por “residencia de por vida”, que venía a significar un arresto domiciliario permanente. Parece ser que en el enjuiciamiento no pronunció la famosa frase: “Y sin embargo se mueve”, pero pasó sus días recluido en sus residencias por imperativo inquisitorial.
Fuente:Actually y Notes

06 enero, 2009

FAULKNER Y SUS CONSEJOS.....

Posted: 06 Jan 2009 07:44 AM CST

Un escritor indecible por su talento, por su magnánimo encanto puesto en el empleo del verbo, William Faulkner. Y aquí algo que me parece muy interesante de citar, ya que en una de las entrevistas por él dadas, se refirió al oficio de ser escritor. Un muy buen texto para quienes quieren ser escritores, y gustan de tomarlo como referencia, o bien para aquellos que sólo gustan tomarlo de referencia.

“—¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen novelista?—
99% de talento… 99% de disciplina… 99% de trabajo. El novelista nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un artista es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.—

¿Quiere usted decir que el artista debe ser completamente despiadado?—
El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo…—

Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del artista?—
No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento, y el arte no tiene nada que ver con la paz y el contento.

—Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?—
El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un artista puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán “señor”. Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán “señor”. Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.—

Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?—
No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.

—¿Trabajar para el cine es perjudicial para su propia obra de escritor?—
Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina.—Usted dice que el escritor debe transigir cuando trabaja para el cine.

¿Y en cuanto a su propia obra? ¿Tiene alguna obligación con el lector?—
Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.

—¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?—
Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos. tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.—

Entonces, ¿usted niega la validez de la técnica?—
De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote.(…)—

¿Qué porción de sus obras se basan en la experiencia personal?—
No sabría decirlo. Nunca he hecho la cuenta, porque la “porción” no tiene importancia. Un escritor necesita tres cosas: experiencia, observación e imaginación. Cualesquiera dos de ellas, y a veces una puede suplir la falta de las otras dos. En mi caso, una historia generalmente comienza con una sola idea, un solo recuerdo o una sola imagen mental. La composición de la historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación. Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda. Obviamente, debe utilizar, como uno de sus instrumentos, el ambiente que conoce. Yo diría que la música es el medio más fácil de expresarse, puesto que fue el primero que se produjo en la experiencia y en la historia del hombre. Pero puesto que mi talento reside en las palabras, debo tratar de expresar torpemente en palabras lo que la música pura habría expresado mejor. Es decir, que la música lo expresaría mejor y más simplemente, pero yo prefiero usar palabras, del mismo modo que prefiero leer a escuchar. Prefiero el silencio al sonido, y la imagen producida por las palabras ocurre en el silencio. Es decir, que el trueno y la música de la prosa tienen lugar en el silencio.—

Usted dijo que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría usted la inspiración?—
Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.

Se dice que usted como escritor está obsesionado por la violencia.—
Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia es simplemente una de las herramientas del carpintero (sic). El escritor, al igual que el carpintero, no puede construir con una sola herramienta.—

¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?—
Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta —era la primera vez que venía a verme— y me preguntó: “¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?”. Le dije que estaba escribiendo un libro. El dijo: “Dios mío”, y se fue. Cuando terminé el libro, La paga de los soldados, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: “Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales. él le dirá a su editor que acepte el libro”. Yo le dije “trato hecho”, y así fue como me hice escritor.—

¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese “poco dinero de vez en cuando”?—
Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas… lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.

—Usted debe sentirse en deuda con Sherwood Anderson, pero, ¿qué juicio le merece como escritor?—
Él fue el padre de mi generación de escritores norteamericanos y de la tradición literaria norteamericana que nuestros sucesores llevarán adelante. Anderson nunca ha sido valorado como se merece. Dreiser es su hermano mayor y Mark Twain el padre de ambos.—Y, ¿en cuanto a los escritores europeos de ese período?—Los dos grandes hombres de mi tiempo fueron Mann y Joyce. Uno debe acercarse al Ulysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.—

¿Lee usted a sus contemporáneos?—
No; los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes… leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac —éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros—, Dostoyevsky, Tolstoy, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.—

¿Y Freud?—
Todo el mundo hablaba de Freud cuando yo vivía en Nueva Orleáns, pero nunca lo he leído. Shakespeare tampoco lo leyó y dudo que Melville lo haya hecho, y estoy seguro de que Moby Dick tampoco.—

¿Lee usted novelas policíacas?—
Leo a Simenon porque me recuerda algo de Chéjov.—¿Y sus personajes favoritos?—Mis personajes favoritos son Sarah Gamp: una mujer cruel y despiadada, una borracha oportunista, indigna de confianza, en la mayor parte de su carácter era mala, pero cuando menos era un carácter; la señora Harris, Falstaf, el Príncipe Hall, don Quijote y Sancho, por supuesto. A lady Macbeth siempre la admiro. Y a Bottom, Ofelia y Mercucio. Este último y la señora Gamp se enfrentaron con la vida, no pidieron favores, no gimotearon. Huckleberry Finn, por supuesto, y Jim. Tom Sawyer nunca me gustó mucho: un mentecato. Ah, bueno, y me gusta Sut Logingood, de un libro escrito por George Harris en 1840 o 1850 en las montañas de Tennesse. Lovingood no se hacía ilusiones consigo mismo, hacía lo mejor que podía; en ciertas ocasiones era un cobarde y sabía que lo era y no se avergonzaba; nunca culpaba a nadie por sus desgracias y nunca maldecía a Dios por ellas.—

Y, ¿en cuanto a la función de los críticos?—
El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas. El crítico también está tratando de decir: “Yo pasé por aquí”. La finalidad de su función no es el artista mismo. El artista está un peldaño por encima del crítico, porque el artista escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al artista.—

Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?—
No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que complacerme a mí, y si me complace entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me complace, hablar sobre ella no la hará mejor, puesto que lo único que podrá mejorarla será trabajar más en ella. Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.

.—Los críticos sostienen que las relaciones familiares son centrales en sus novelas.—
Esa es una opinión y, como ya le dije, yo no leo a los críticos. Dudo que un hombre que está tratando de escribir sobre la gente esté más interesado en sus relaciones familiares que en la forma de sus narices, a menos que ello sea necesario para ayudar al desarrollo de la historia. Si el escritor se concentra en lo que sí necesita interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para otras cosas, como las ideas y hechos tales como la forma de las narices o las relaciones familiares, puesto que en mi opinión las ideas y los hechos tienen muy poca relación con la verdad.—

Los críticos también sugieren que sus personajes nunca eligen conscientemente entre el bien y el mal.—
A la vida no le interesa el bien y el mal. Don Quijote elegía constantemente entre el bien y el mal, pero elegía en su estado de sueño. Estaba loco. Entraba en la realidad sólo cuando estaba tan ocupado bregando con la gente que no tenía tiempo para distinguir entre el bien y el mal. Puesto que los seres humanos sólo existen en la vida, tienen que dedicar su tiempo simplemente a estar vivos. La vida es movimiento y el movimiento tiene que ver con lo que hace moverse al hombre, que es la ambición, el poder, el placer. El tiempo que un hombre puede dedicarle a la moralidad, tiene que quitárselo forzosamente al movimiento del que él mismo es parte. Está obligado a elegir entre el bien y el mal tarde o temprano, porque la conciencia moral se lo exige a fin de que pueda vivir consigo mismo el día de mañana. Su conciencia moral es la maldición que tiene que aceptar de los dioses para obtener de éstos el derecho a soñar.

—¿Podría usted explicar mejor lo que entiende por movimiento en relación con el artista?—
La finalidad de todo artista es detener el movimiento que es la vida, por medios artificiales y mantenerlo fijo de suerte que cien años después, cuando un extraño lo contemple, vuelva a moverse en virtud de qué es la vida. Puesto que el hombre es mortal, la única inmortalidad que le es posible es dejar tras de sí algo que sea inmortal porque siempre se moverá. Esa es la manera que tiene el artista de escribir “Yo estuve aquí” en el muro de la desaparición final e irrevocable que algún día tendrá que sufrir. “oficio de escritor, William Faulkner.
Fuente: Actualidad Literatura.com

05 enero, 2009

ROMPER LOS HABITOS....

Màs energìa se requiere para aprender a hacer las cosas de un modo nuevo, aùn las menos difìciles, que para continuar hacièndolas segun la rtina ya fijada, segùn el filosofo William James, todo organismo viviente es propenso a persistir en una pauta, una vez establecida èsta.

Los hàbitos, son nuestra automatizaciòn, mientras màs acciones realicemos automàticamente, tanta mayor energia reservaremos para el trabajo creativo y la resoluciòn de diferentes problemas, y cuanto màs eficientes sean nuestros hàbitos, tanto mejor funcionaremos. Por esta razòn James Creìa que debemos reexaminar constantemente nuestros hàbitos, para ver en cuales de sus aspectos podrìamos cambiarlos y hacerlo màs eficaces.

Entre sus consejos para vencer los malos hàbitos estàn: romperlos bruscamente, hablar de nuestra determinaciòn a todo el mundo y permitir el mas ligero desliz, sembrad una acciòn y cosecharemos un caràcter, sembrad un caràcter y cosecharemos nuestro destino, ya que nosotros mismos vamos tejiendo nuestra propia suerte, buena o mala, para no dejarla ya nunca y unirnos a ella.

El habito y la pereza son la causa de que nuestras facultades se emboten y dejemos de sentir el èxtasis de vivir, el encanto de la vida reside en la variedad, en estos contrastes y matices mediante los cuales se ha modulado la identidad de la verdad y la verdad para ser conocida, amada y servida, requiere almas puras, desasidas de las cosas materiales.

"Hazte necesario al mundo y el mundo se darà el pan que necesitas"...decìa R.W. Emerson.

28 diciembre, 2008

PROBLEMA DEL ALMA...

En el orden psicològico, Platòn sigue el proceso pitagòrico, y desde este punto de vista su teorìa de las ideas alzan el vuelo y penetran, no en el campo de las "hipòtesis"- como era lògico-, sino en el de la "reminiscencias", que es mucho peor.

Entiende que la uniòn del alma con el cuerpo es accidental, como la del jinete con respecto al caballo que monta: uniòn violenta y forzada, debido al ansia de volar que sufre el alma hacia otra esfera màs elevada. Distingue tambièn tres tipos de almas: racional, sensitiva y pasional. Su psicologìa es una combinaciòn de las creencias en el origen celeste de las almas, en la preexistencia y la transmigraciòn. Este retorno a una nueva vida material puede certificarse mediante una ley- kàrmica- que fuerza a las almas a dar màquina para atràs y encarnar de nuevo hasta alcanzar la perfecciòn deseada, y con esto sustituye a un tribunal al caso que las juzgue y pida cuenta de sus actos, como lo vemos en el orden social. Dicha encarnaciòn se verifica por el sortilegio de la metempsicosis, y pueden encarnar en tigres, reptiles, gusanos y hasta en tortugas. Todos estos animales son para Platòn instrumento de purificaciòn mejor que un tribunal acusador, que es lo correcto. A eso se reduce toda nuestra sanciòn moral que nuestros vicios merecen, y la herida mortal que se infiere a un ser divino, fenòmeno de orden moral, queda restañada por el esparadrapo de la encarnaciòn.

26 diciembre, 2008

JERARQUIA CATÒLICA Y MEMORIA HISTÒRICA-...¿POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS?....

¿Debemos retirar los crucifijos de las escuelas públicas?, ¿Debemos seguir manteniendo a la iglesia con nuestros impuestos? .... ------

Monseñor Cañizares, príncipe de la Iglesia y alto cargo Vaticano, nunca ha tenido dudas: Las campanas doblaron y seguirán doblando solo por los vencedores.

*José Antonio Martín Pallín (El Periódico, 22-12-2008)

La Iglesia jerárquica siempre tuvo la habilidad de ajustarse a los intereses dominantes. Ha demostrado, a lo largo de los siglos, una cierta alergia a la democracia y ha sabido convivir, sin mala conciencia, con las más siniestras dictaduras. DESDE SU orígenes se puso en pie de guerra contra la Segunda República. Cuando los militares golpistas se rebelaron contra el orden constitucional no dudaron en ponerse fervorosamente a su lado cubriéndolos con el manto de la Cruzada. Su alineamiento coincidió en el tiempo con unos movimientos obreros mayoritariamente agrarios e incipientemente industriales atraídos por doctrinas en boga que predicaban la revolución proletaria y abominaban de la democracia liberal a la que identificaban con las insoportables desigualdades que les tocaba vivir a diario.

El levantamiento militar esta vez no era para restaurar una dinastía monárquica, su objetivo era instaurar un régimen totalitario a imagen y semejanza del nazismo y el fascismo. Los militares golpistas diseñaron una política de exterminio cuyas directrices las plasmaron por escrito sin rubor en numerosos documentos. La caravana de la muerte que tan certera y trágicamente relata Francisco Espinosa en su libro del mismo titulo es el modelo que después se implantaría en toda España, prolongándose mucho mas allá de la victoria militar. El ejército sublevado era recibido en los pueblos ocupados con redobles jubilosos de campanas volteadas por el cura de la localidad. Los moros mercenarios se sentirían desconcertados ante el entusiasmo de los que tras ocho siglos de reconquista los recluyeron en la zona de Marruecos donde siguieron sufriendo el dominio español. Los atrapados, con el temor marcado en el rostro, fueron entregados para su ejecución sin formación de causa. Se los llevaron a las tapias del cementerio. En la plaza del pueblo se escuchaban las descargas de los fusiles y el silencio de las campanas. Algunos curas tocaron jubilosos las campanas al sentirse seguros de su suerte, otros también pudieron tañerlas porque su cercanía a los vecinos y la preocupación por sus problemas les había salvaguardado de reacciones airadas. Unos pocos conscientes de su posición privilegiada evitaron que muchos fuesen fusilados.

Mientras la muerte y la desolación arrasaban nuestro país las campanas seguían sin doblar por todos los muertos. El día de la victoria todos los campanarios lanzaron sus espadañas al viento. Los vencedores añadieron la muerte cruel, selectiva e inmisericorde a los que habían sobrevivido. Los que no fueron ejecutados, después de parodias judiciales, les esperaba el campo de concentración o el exilio. Las matanzas no cesaron pero las campanas seguían sin doblar. El general vencedor era recibido por la Iglesia con las campanas al vuelo, los brazos en alto y los palios serviles, pero las campanas seguían sin doblar por los vencidos. El ritual de la misa incluía plegarias por su salud y eterna vida. Los púlpitos resonaban en alabanzas al salvador de la verdadera y única España. Más tarde de lo deseable llegó la Constitución. Los valores democráticos, por los que muchos de los vencidos habían luchado, comenzaron a implantarse no sin reticencias o cautelas.

Las homilías del cardenal Tarancón no sirvieron para que la Iglesia, que se había volcado en favor de los vencedores, iniciase un periodo de reflexión. Perdido parte del poder terrenal decidieron utilizar el fantasma de la excomunión contra los políticos que sacaron adelante el divorcio o la recortada ley de la interrupción voluntaria del embarazo. Inasequibles al desaliento se han alzado contra la educación para la ciudadanía oponiéndose a que los jóvenes conozcan la historia de la conquista de los derechos humanos y lo que significa su implantación para la convivencia pacífica y democrática.

EL CARDENAL Cañizares, desde hace tiempo, mantiene que no es necesario ningún milagro para beatificar a los que murieron, según su peculiar visión, por odio a la religión. Ignora el ilustre prelado que nunca la guerra civil fue una guerra de religiones. Ignora también, ignora tantas cosas, que los vencedores fusilaron a sacerdotes vascos. ¿Fue también por odio a la religión, monseñor?. Lo último y lo que queda por llegar lo sabemos o nos lo imaginamos. Monseñor Martínez Camino ha justificado la beatificación tardía no como una obligación incumplida. Curiosa obligación que tanto ha podido demorarse desaprovechando la oportunidad de que el fasto de los vencedores hubiera contribuido a la magnificencia oficial del la ceremonia. No creo que el problema de la Iglesia oficial del presente sea el anticlericalismo o la "cristofobia". Tiene raíces mas profundas. Han perdido el contacto con la realidad y son incapaces de aceptar la pérdida de sus privilegios y la imposición coactiva de sus dogmas. Pueden leer el prólogo de la novela de Ernest Hemingway ¿Por quién doblan las campanas?: "La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y, por consiguiente nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti". Un esperanzador mensaje de quien puso fin a su vida sin importarle los anatemas.

*Magistrado emérito del Tribunal Supremo

17 diciembre, 2008

PROBLEMA DEL SER....

Segùn Platòn "ser y conocer son cosas correlativas" contrario a Parmènides y Descartes, que lo identifican-. "El no ser- dice- es absolutamente incognoscible." Seguro; lo inexistente no puede llegar al conocimiento. "Sin ser- afirma Sciacca- no puede haber conocimiento". Es decir, que el ser, algo es, y el no-ser, algo es tambièn, al decir de Heràclito; luego el ser y el no-ser algo son: ¿que son?; el uno opuesto al otro. Pero a fin de que haya oposiciòn, alega Platòn, tienen que existir los oponentes, y en el no-ser no aparecen, aparte de que si algo fuera tendrìa que ser congnoscible, y no lo es.¿Còmo salir del impasse? Veamos:

El concepto que se tiene del ser en el campo de la existencia es una cosa y el concepto que se tiene de la inexistencia, o del no-ser, es otra; en involucrar los conceptos tan dispares està el error. Se da un salto del orden ontològico del ser al orden lògico o conceptual del no-ser y al confundir los tèrminos se le atribuye al no-ser una existencia extramental! que reside en la mente solamente, y aunque en el orden de los conceptos haya una realidad lògica conceptual entre ser y no-ser, en el orden de la existencia no hallamos realidad ontològica; luego el no-ser nada es, no tiene ser.

Sin embargo, desde otro punto de vista cabrìa decir que el no-ser algo es. ¿Què es? Diverso al ser, no opuesto. Porque si consideramos al ser opuesto al no-ser, en vez de considerarlo diverso, tal proposiciòn no le cabe, porque el no-ser carece de objeto que le sea contrario al ser; en cambio, sì le cabe el ser diverso. Asì, un objeto en movimiento y otro en reposo son contrarios, porque ambos objetos estàn ahì uno frente al otro; pero en el no-ser tambièn es. El error es debido, segùn Fraile, "en tomar diversa una forma que es idèntica, y por idèntica una forma que es diversa". El mismo Platòn reconoce que el no-ser no es contrario u opuesto al ser, sino diverso.

15 diciembre, 2008

J.J. BENITEZ DICE HABER "ENCONTRADO A DIOS"...

El investigador del fenómeno ovni y periodista, de 62 años y abuelo, recoge en su nuevo libro, "De la mano con Frasquito", todo lo que ha aprendido "sobre la vida y la muerte".

Juan José Benítez es, a sus 62 años, un abuelo feliz por transmitir a su nieto todo lo que ha aprendido sobre la vida y el "Destino", con mayúscula, como a él le gusta escribir. "De la mano con Frasquito" es su libro número 51 y el primero con la editorial Granica después de que Planeta, tras 29 años de unión profesional, rechazara su publicación porque "no era comercial".

Frasquito es el nombre ficticio del nieto de Benítez, al que trata de transmitir en 101 ("palo cero palo", como él lo llama) pensamientos, "todo lo que he podido aprender sobre Dios, la vida y también la muerte, aunque yo tengo más asumida la muerte que la vida". "Quizás porque estoy siempre pensando mucho en ella y me asusta menos que la vida", añade.

A través de esos 101 pensamientos, el investigador y periodista navarro traza a modo de "catecismo" su particular visión sobre el ser humano y su relación con Dios, alejado de los estereotipos de las religiones porque él no cree en ninguna. "He encontrado en buena medida a Dios escribiendo, pero al buen Dios lo encontramos en los sitios más inverosímiles y en los lugares más increíbles", afirma.

Benítez confiesa que al ser supremo lo "empezó a vislumbrar en la lejanía, cuando empecé con todos los temas de enigmas y de misterios". Así llegó a plantearse un "Dios que no es el convencional y el ortodoxo. Con la escritura de los caballos de Troya rematé la faena con un natural y un pase de pecho increíble".

Ahora asegura que le habría gustado leer este libro en su juventud, para "saber lo que es la vida", que alguien le hubiera advertido de que "no pasa nada si te equivocas o te arrepientes". "El libro está dirigido a quien le resulte oportuno".



05 diciembre, 2008

GUILLERMO HEGEL Y SU MUNDO FILOSÒFICO....

Su filosofìa llenò toda una generaciòn. Es tan complicado y oscuro que no hay dos que lo expongan del mismo modo. El mismo Hegel decìa que uno solo de sus discipulos lo comprendiò, y malamente.

Su sistema filosòfico se reduce a tres fases: tesis, antìtesis y sìntesis. La idea evoluciona a un ritmo lògico dentro de su propia estructura. "Es una soberbia construcciòn filosòfica sin valor real por ser puramente forma o lògica"
Es una abstracciòn estèril ingeniosamente elaborada que avanza al compàs de un ritmo de tesis, antìtesis y sìntesis, donde gradualmente y hasta sofisticadamente el principio de contradicciòn le convierte en principio de identidad. Primeramente hace una afirmaciòn (tesis); luego halla su contrapeso o fallo (antìtesis) y finalmente, hace un resumen de ambas (sintesis). Pero èsta, a su vez, resulta (tesis) de otra proporciòn que contiene sus contradicciones (antìsesis), que nos daràn otra nueva (sìntesis), base de otra tesis.

Dicho proceso lo aplica a la filosofia, la historia, la socilogìa y religiòn, con golpe rìtmico nacional matemàtico, culminaciòn del pensamiento racionamiento, exprimiendo la razòn como se exprime un racimo de uvas.

Con este sistema se persigue hallar la evidencia en los misterios del mundo y la realidad universal, que no es màs que la manifestaciòn del mundo exterior por un desenvolvimiento lògico de tesis, antìtesis y sìntesis, y asì encerrar los misterios todos en un puño, como se encierra en la red al pez en el agua. Confundo el mundo lògico con el ontològico.

El objeto de su filosofìa, no es màs que el ser (esse) percibido en toda su extensiòn, y este ser indeterminado o concepto abstracto de la mente, que es justamente Dios, pero que èl no lo concibe asì, sino idea universal (tipo platònico), y ademàs, la evoluciòn continua de las cosas determinadas hace que pasen al campo indeterminado o abstracto, ya que el ser indeterminado es el que existe, el determinado no se da, por la evoluciòn sufrida, puesto que al punto que aparece ya no es, y venimos a parar al viejo concepto de Heràclito, que el ser es y el no ser, tambien es; lo que Aristòteles dice: Actus entis in potentica prout in potentia( que el acto el ente, pero en potencia nada màs, y en ese caso està y no està, porque està en potencia y no està en acto.

Afirma Hegel que el ser indeterminado es el que existe y el determinado el que no existe, pero evolucionando pasa a existir, pero en el campo abstracto o absoluto. De ahì que el objeto de su filosofìa sea un proceso evolutivo, por el cual el concepto pasa del estado indeterminado al logro de plenitud de todos los modos de existencia o ida abstracta intuitiva (a lo platònico), mediante la evoluciòn dialèctica, que no es màs que la misma dialèctica vuelta al revès, porque las formas utilizadas del pensar son las mismas categorìas del ser, resultando un panlogismo, ya que salta del campo ontològico, o un panteìsmo ideològico, que nos darà luego en sociologìa un estado-panteìsta.

Hegel sintetiza su principio idealista en estos tèrminos..."Todo lo racional es real, y todo lo real es racional"...Un juego mental por el que las formas utilizadas en el pensar son las mismas que utiliza en el ser, dicho arriba; por donde el objeto del pensamiento es el mismo pensamiento y lo hace cosa, y tenemos a Platòn a la vista. Es un remolino mental donde las cosas revueltas con el pensar las hace idea universal, y resulta otro remolino descomunal mayor. En otros tèrminos: "Que el estudio de lo real- dice Weber- es la misma realidad; el pensamiento desarrolla y constitye la universalidad de los seres"

La realidad (opuesta a la idealidad) esencialmente es razòn, y no debe ser, sino que lo es. Esto es, que la realidad (razòn), en verdad es; la idealidad, deber ser. Una es opuesta a la otra. La realidad (razon) es absolutamente necesaria y es base de la ciencia. La ciencia expresàndola en conceptos, hace universal el contenido de la realidad. Por eso los conceptos no son un algo distinto a la realidad, sino la realidad misma en su necesidad intrìnseca de universalizarse, de ahì que el orden de las cosas no es sino el mismo orden de las ideas o conceptos; de ahì tambièn la necesidad de la evoluciòn para elevar la realidad a idealidad, a lo absoluto. Hegel aborrece lo concreto, solamente admite lo abstracto. Pero hay dos realidades, cada una en su campo.

02 diciembre, 2008

DIOS DEBE EXISTIR, PERO....

Después de 60 años de agnosticismo, finalmente he llegado a la conclusión de la razonable existencia de Dios. Es más, me atrevo a sugerir que en la actualidad Dios, nuestro Dios naturalmente, debe de tener alrededor de 50 mil millones de años, o 50 años de nuestro tiempo terrenal.

Dicho así como introducción de este nuevo artículo esta afirmación puede parecer una tomadura de pelo y una intolerable falta de respeto por la posible sensibilidad religiosa de mis lectores, pero he llegado a esta conclusión tras desarrollar un nuevo método cognoscitivo, para el que provisionalmente no tengo otro calificativo que el de "método contextual", pues se basa en la constatación de la existencia de tres contextos etimológicos, cada uno de los cuales expone una misma idea con tres conceptos distintos, y el método consiste en "agruparlos", de manera que lo que tenga sentido en uno debe tener sentido en los otros dos o carece de sentido en los tres.

Estos tres contextos son, por orden de aparición en la realidad cognoscitiva, el teológico, el físico y el metafísico, es decir, el contexto de los dioses, el de la naturaleza y el de las ideas. También podemos decir el de la imaginación, el de la experiencia, y el de la razón, o todavía más objetivamente, la religión, la ciencia y la filosofía.

Dios aparece históricamente dentro del primer contexto, cuando podemos decir que la "imaginación se hace trascendental", pero sus fuentes no están ni en la razón ni en la experiencia, sino de la fe o la "revelación".

Es importante entender que cuando nos preguntamos por la "existencia" de algo, no buscamos su certidumbre "física", que sería su "consistencia" ni su certidumbre "psicológica" que sería su "apariencia", sino que lo que buscamos es su certidumbre "metafísica", es decir, una "idea más allá de la física que sea lógica y razonable" y que pueda ser entendida, tenga o no presencia o consistencia. Es decir, la existencia de Dios sería aceptable si pudiéramos "hacernos una idea de Dios y de su causa", pues ninguna idea puede ser ni existir sin una causa". ¡Y aquí está el problema!

Para darme una respuesta aceptable he recurrido a este método de equivalencias, por tanto buscamos a Dios desde estos tres contextos posible:.Primer contexto: la teología. En el origen del cosmos está el «Espíritu santo», es decir, el espíritu, que se transforma en mundo. El mundo, "informado" por la fe, tiene la capacidad de «crear» las criaturas que lo pueblan, pues el mismo Adán surge del polvo, de donde proceden todas las criaturas.Segundo contexto: la física. En el origen del universo, hace ahora alrededor de 13,7 mil millones de años, y de acuerdo a la aceptable teoría de la «Gran explosión», está la energía, que por progresiva condensación se transforma en materia. La materia "informada" en sus orígenes por el instinto y posteriormente por la experiencia, tuvo la capacidad nata de organizarse "inteligentemente" y de forma dinámica, es decir, como organismos, de donde procede la vida natural, o la naturaleza.

Tercer contexto: la metafísica. En el origen de la consciencia está la mente, que gracias al pensamiento se transforma en ente. La entidad, informada por la intuición, tiene la capacidad de transformarse en seres, dando origen a la existencia misma y a las ideas.Según esta primera reflexión tanto la materia, el mundo como la entidad deben ser en realidad una misma cosa, pero expuesta en tres contextos distintos. Podremos hacer extensible este método a otros conceptos y veríamos que todos se pueden agrupar, pero para este caso nos quedamos aquí, porque ahora vamos a situar a Dios en el contexto que aparece por primera vez y tratar de buscarlo en los dos restantes.

Dios surge en el contexto de la teología como una "revelación de su imagen" fruto de la imaginación exaltada, y como creador debe de estar "fuera" de lo creado, es decir, fuera de este mundo y de la creación misma. Por tanto sin duda que debe morar en el "Cielo", que es "otro mundo" o "el mundo de Dios". Dios es además nuestro "Padre celestial".

Si lo vemos en el contexto de la física decimos que Dios debe de estar fuera de la naturaleza producida. Como la naturaleza constituye una unidad espacio-temporal contenida en una duración, la del universo, el Dios de la física, que ya no es creador sino "productor", debe de estar en otro universo, contenido en otro espacio-tiempo, con otra duración. Si este Dios ha "producido" nuestro universo debe tener su propia duración, y si nuestro universo tiene una vida mesurada de 13,7 mil millones de años, el universo gestante debe tener "más duración" que el nuestro. Si tomamos como medida de relación 1 año = 1000 millones de años, este Dios debe de tener ahora alrededor de 50 años en su propio tiempo y en su propia demisión espacio-temporal. Es decir, debe tratarse del "padre" de nuestro universo.Si ahora nos pasamos al contexto final de la metafísica decimos que Dios debe de estar fuera del ser, y como todo lo existente tiene necesariamente ser, Dios no puede existir dentro de nuestra propia mente, pero sí fuera de nuestra mente, es decir, en otra "existencia paralela", con otro Ser, entidad e idea. Por tanto debe ser "el padre" del ser de las cosas existentes en nuestra mente, pero no está en nuestra mente, es decir, para nosotros "Dios es, pero no existe". También podemos decir que "es cierto que hay Dios", porque podemos tener su certidumbre con la fe y el instinto, pero no es verdad que exista en tanto no pueda se concebido como una idea lógica y razonable a partir de su "intuición". ¡Se trata de una cuestión de contextos!De manera que es fácil llegar a la conclusión de que Dios debe ser el "padre del universo" y habita en otra dimensión espacio-temporal, o en un "universo paralelo", y que en la actualidad debe tener alrededor de 50 mil millones de años de nuestro tiempo, unos 50 años del suyo. Pero ¿cómo es posible llegar a esta conclusión si no se puede establecer la prueba física de su existencia? Sencillamente porque la física no pude probar la existencia, pues la física no tiene en su propio "vocabulario" la voz "existencia", que pertenece a la metafísica, sino que tan sólo pude probar la "consistencia" de Dios. Por tanto la certidumbre que de Dios puede tener la teología o la física se refiere a su "apariencia" o "consistencia" pero nunca a su "existencia".

No quiero concluir este artículo sin exponer brevemente la "lógica matemática" del "Misterio de la Trinidad", que contiene cada una de las reflexiones expuestas con anterioridad. El Misterio también habla de "tres contextos", el de un "Padre": universo paralelo; de un "Hijo": nuestro universo, y de un "Espíritu Santo": la energía, espíritu o mente, como se le quiera llamar, causante de los tres. Como el misterio está basado en una "revelación", que resulta rigurosamente lógica y razonable, pese a ser una aporía, las tres Personas se sitúan dentro de un triángulo, cuyo "centro" contiene la "primera causa, que no existe", pues las tres Personas "son y existen", en tanto que "Dios en sí mismo", como causa primera de las tres "personas divinas", que no obstante son "consustanciales", "no puede existir, pero es", pues el "ser no puede no-ser".Esto nos obliga a considerar que "Dios es lo que no existe, pero que es", para algunas tradiciones teológicas "el Innombrable". Y si es pero no existe, sólo pude "ser por defecto", de manera que todo lo que causa "en efecto" debe ser "parte de la divinidad" o "divino", incluidos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sin que sea posible la existencia de "Dios en sí mismo". Reflexión que ya se hizo el propio San Agustín, para quien Dios era "emanación". De manera que más que preguntarnos por la existencia de un "Dios inexistente, impensable improbable" deberíamos ser más "concretos" y preguntarnos por las "divinidades existentes", aquellas que han "producido nuestra naturaleza", "creado nuestro mundo" o "causado nuestra entidad", sin ir más allá en nuestras consideraciones.¡Y ese es el misterio que nuestra mente no está capacitada para resolver, y donde se le han "cruzado los cables" a todos los filósofos de la historia de la filosofía idealista y trascendental! Para hacerlo más familiar podemos decir que el uno, el dos y el tres provienen "potencialmente" del cero, pero el cero "no vale nada", "¡solo es pura potencialidad!

Si la contradictoria idea de Dios en sí mismo persiste pese a que no existe, es porque se pude percibir a través de lo único que no requiere probar su existencia, porque carece de entidad, ser y existencia, como es todo aquello que "vemos en la imaginación", que no es consistente ni existente sino "aparente", o una mera "ilusión" de la mente.Con esta breve reflexión sobre la probable existencia de Dios en sí mismo, el Dios que "es" pero que no existe naturalmente, y las "divinidades" creadoras, productoras o causantes, es decir, "Padre, Hijo y Espíritu Santo", yo no he hecho otra cosa que aplicar un nuevo método contextual a lo que ya se sabía o imaginaba, y la conclusión sólo es válida en la medida de que sea lógico el método utilizado. Esto no es nuevo en filosofía, antes que yo Aristóteles recurrió a su método silogizo y Descartes al suyo, basado en la duda razonable, y más recientemente Husserl expuso el suyo, el fenomenológico. Por tanto me limito a exponer una conclusión que surge de manera inevitable por ser razonable que sea como el método sugiere que debe ser. Después de todo el conocimiento es fundamentalmente una cuestión de "método.
Nota: autor desconocido

01 diciembre, 2008

¿VALE LA PENA PREOCUPARSE DE DIOS?....

TRIBUNA
MATILDE GASTALVER*
A raíz del artículo publicado el 24 de noviembre, en El País, "Los ateos se hacen fuertes" me parece formidable y del todo respetable que los ateos enarbolen su bandera y ,sin embargo, me pregunto, ¿su saber, su ciencia, su dinero no tiene mejor ocupación que la existencia de algo que según ellos no existe? ¿Es realmente el problema de nuestro planeta la existencia o no existencia de Dios? ¿Lo que les preocupa a los científicos ateos, es el espacio de la religión en nuestras sociedades? There´s probably no god, now stop worryng and enjoy your life. ¿Es éste el problema que realmente tienen nuestras sociedades occidentales, desarrolladas, cultas, preparadas científica y tecnológicamente? Porque, si todo el problema es la existencia o no existencia de Dios, sería fantástico, como lo sería si nuestros líderes religiosos o políticos fueran realmente honestos, ocuparan el cargo en función del bien social y más allá de nuestra sociedad, mirando al mundo entero, principalmente a la parte del mundo expoliada y sumida en la miseria, precisamente por esta parte del mundo de científicos y personas "desarrolladas".

Nada importa perder tiempo y dinero en campañas para creer o no en la existencia de Dios sino no las hacemos en beneficio de la existencia del hombre.Barack Obama ha conseguido financiar su campaña electoral con los donativos de los ciudadanos que necesitaban "creer" en un cambio, y uno a uno, poco a poco han financiado su esperanza, y lo han logrado, como un milagro en la historia política americana.

Ése es el problema de la fe y de la esperanza, religiosa o no, buscar respuestas a los problemas de la humanidad. Hombres tan creyentes como Confucio, Lao Tse, Chuang Tzu, Sidharta Gautama..., hasta Jesús de Nazaret, hablaron poco o nada de Dios, se distinguieron por su obrar y exquisitez humana respecto al momento en que vivieron, dieron respuestas concretas a la humanidad. Casi todos ellos entraron en conflicto con el sistema religioso establecido, incluso fueron desacreditados, perseguidos o ejecutados. El problema, quizás no sea Dios sino los sistemas y poderes que a costa de Dios o en nombre de la política, establecemos los seres humanos.

Los países más ricos del mundo se reúnen con urgencia ante la crisis económica actual para sacar de donde sea (del bolsillo de los ciudadanos, esta vez no como en la campaña de Obama, sino por decreto político) el dinero que equilibre el desajuste de la codicia de unos pocos (aunque no tan pocos), no para resolver el hambre y el desequilibrio de la injusticia de un mundo en que un tercio arrebatamos lo que es de todos.

Podemos seguir discutiendo si existe o no Dios, eso no cambia el mundo. Yo prefería que nos enfrascáramos en la discusión de resolver problemas de los que Dios (en el caso de su existencia) es el primer problema que quiere que resolviéramos.En tal caso, el reciente eslogan de los autobuses ingleses, siguen afianzando desde el ateísmo: "no te preocupes y disfruta de la vida". ¿Puede ser ése un principio para funcionar en la vida? No sé si es un eslogan que favorece el ateismo, pero, sin duda favorece el individualismo que ha caracterizado siempre a las sociedades capitalistas desarrolladas. Cabría analizar la situación de miseria y desquicie social que hay detrás de muchos fanatismos religiosos de al actualidad, por poner un ejemplo el de Afganistán.Más que nunca deberíamos afianzarnos, desde cualquiera que sea nuestro credo, y más si cabe sin él, en otro eslogan: preocúpate y haz algo, para que "todos", de igual forma, podamos al fin disfrutar de la vida.

(*) Licenciada en Filosofía y en Ciencias Teológicas.