22 abril, 2014

"EN AGOSTO NOS VEMOS".....OBRA INÉDITA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.....

 

22 de abril de 2014 a la(s) 14:30
 Gabriel García Márquez no deja de sorprender. El Nobel de Literatura colombiano dejó un manuscrito inédito que decidió no publicar mientras estaba con vida y cuyo destino final aún no está claro, dijo a The Associated Press uno de sus editores.
 
El director editorial de Penguin Random House, Cristóbal Pera, dijo este martes que la familia del escritor colombiano no ha decidido aún si permitirá que el manuscrito se publique como un libro póstumo y tampoco si alguna casa editora tendrá los derechos.
 
El manuscrito tiene el título 'En agosto nos vemos'.
El diario español La Vanguardia publicó esta semana lo que parece el primer capítulo del texto, en el que se describe la llegada de una mujer casada de 52 años a una isla donde está la tumba de su madre y que en su más reciente visita tiene un encuentro inesperado.
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ADIÓS AL PADRE DEL REALISMO MÁGICO
 
 La obra inacabada de Gabo: 'En agosto nos vemos'
 
"...Había repetido aquel viaje por veintiocho años consecutivos cada 16 de agosto a la misma hora.  Ella lo entendió como una obligación de su vida privada que debía cumplir sin falta y siempre sola.  Ana Magdalena heredó de ella la esbeltez de los ojos amarillos, la virtud de las pocas palabras.  Terminó deprisa, abrumada por la humillación de comer sola, pero se sintió bien con la música Lo devoró para ella y sin pensar en él, hasta que ambos quedaron exhaustos en un caldo de sudor. El hombre, dormido de costado y con las piernas encogidas, le pareció un huérfano enorme.
 
Cultura | 20/04/2014 - 03:25h | Última actualización: 22/04/2014 - 17:20h
 
 El escritor Gabriel García Márquez fue premio Nobel de Literatura en 1982 AP / Eduardo Verdugo
 
García Márquez leyó en público en 1999 el primer capítulo de 'En agosto nos vemos', título provisional de su novela inédita, que fue escribiendo desde entonces y cuyo final no le dejaba satisfecho, por lo que decidió no publicarla. A la espera de la decisión de sus herederos, el editor de Random House, Claudio López, apunta la posibilidad de publicarla como obra inconclusa.
 
"..Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las dos de la tarde. Llevaba una camisa de cuadros escoceses, pantalones de vaquero, zapatos sencillos de tacón bajo y sin medias, una sombrilla de raso y, como único equipaje, un maletín de playa. En la fila de taxis del muelle fue directa a un modelo antiguo carcomido por el salitre. El chófer la recibió con un saludo de antiguo conocido y la llevó dando tumbos a través del pueblo indigente, con casas de bahareque y techos de palma, y calles de arenas blancas frente a un mar ardiente. Tuvo que hacer cabriolas para sortear los cerdos impávidos y a los niños desnudos, que lo burlaban con pases de toreros. Al final del pueblo se enfiló por una avenida de palmeras reales, donde estaban las playas y los hoteles de turismo, entre el mar abierto y una laguna interior poblada de garzas azules. Por fin se detuvo en el hotel más viejo y desmerecido.
 
El conserje la esperaba con las llaves de la única habitación del segundo piso que daba a la laguna. Subió las escaleras con cuatro zancadas y entró en el cuarto pobre con un fuerte olor de insecticida y casi ocupado por completo con la enorme cama matrimonial. Sacó del maletín un neceser de cabritilla y un libro intenso que puso en la mesa de noche con una página marcada por el cortapapeles de marfil. Sacó una camisola de dormir de seda rosada y la puso debajo de la almohada. Sacó una pañoleta de seda con estampados de pájaros ecuatoriales, una camisa blanca de manga corta y unos zapatos de tenis muy usados, y los llevó al baño con el neceser.
 
Antes de arreglarse se quitó la camisa escocesa, el anillo de casada y el reloj de hombre que usaba en el brazo derecho, y se hizo abluciones rápidas en la cara para lavarse el polvo del viaje y espantar el sueño de la siesta. Cuando acabó de secarse sopesó en el espejo sus senos redondos y altivos a pesar de sus dos partos, y ya en las vísperas de la tercera edad. Se estiró las mejillas hacia atrás con los cantos de las manos para verse como había sido de joven, y vio su propia máscara con los ojos chinos, la nariz aplastada, los labios intensos. Pasó por alto las primeras arrugas del cuello, que no tenían remedio, y se mostró los dientes perfectos y bien cepillados después del almuerzo en el transbordador. Se frotó con el pomo del desodorante las axilas recién afeitadas y se puso la camisa de algodón fresco con las iniciales AMB bordadas a mano en el bolsillo. Se desenredó con el cepillo el cabello indio, largo hasta los hombros, y se hizo la cola de caballo con la pañoleta de pájaros. Para terminar, se suavizó los labios con el lápiz labial de vaselina simple, se humedeció los índices en la lengua para alisarse las cejas lineales, se dio un toque de su perfume amargo detrás de cada oreja y se enfrentó por fin al espejo con su rostro de madre otoñal. La piel, sin un rastro de cosméticos, se defendía con su color original, y los ojos de topacio no tenían edad en los oscuros párpados portugueses. Se trituró a fondo, se juzgó sin piedad y se encontró casi tan bien como se sentía. Sólo cuando se puso el anillo y el reloj se dio cuenta de su retraso: faltaban seis para las cinco. Pero se concedió un minuto de nostalgia para contemplar las garzas que planeaban inmóviles en el vapor ardiente de la laguna. Los nubarrones negros del lado del mar le aconsejaron la prudencia
de llevar la sombrilla.
 
El taxi la esperaba bajo los platanales del portal. Se alejó por la avenida de palmeras hasta un claro de los hoteles donde había un mercado popular al aire libre, y se detuvo en un puesto de flores. Una negra grande que hacía la siesta en una silla de playa despertó sobresaltada, reconoció a la mujer en el asiento posterior del automóvil y le dio, entre risas y chácharas, el ramo de gladiolos que había encargado para ella desde la mañana. Unas cuadras más adelante el taxi torció por un sendero apenas transitable que subía por una cornisa de piedras afiladas. A través del aire enrarecido por el calor se veían los yates de placer alineados en la dársena del turismo, el trasbordador que se iba, el perfil remoto de la ciudad en la bruma del horizonte, el Caribe abierto.
 
En la cumbre de la colina estaba el cementerio triste de los pobres. Empujó sin esfuerzo el portón oxidado, y entró con el ramo de flores en el sendero de túmulos tragados por la maleza, con escombros de ataúdes y saldos de huesos calcinados por el sol. Las tumbas parecían iguales en el cementerio desamparado con una ceiba de grandes ramas en el centro. Las piedras afiladas hacían daño aun a través de las suelas de caucho recalentado, y el sol duro se filtraba por el raso de la sombrilla. Una iguana surgió de los matorrales, se detuvo en seco frente a ella, la miró un instante y escapó en estampida.
 
Había acabado de limpiar tres tumbas, y estaba exhausta y empapada de sudor cuando logró reconocer la lápida de mármol amarillento con el nombre de la madre y la fecha de su muerte, veintinueve años antes. Solía darle las noticias de la casa, la había informado con datos confidenciales para que la ayudara a decidir si se casaba, y a los pocos días creyó recibir su respuesta en un sueño que le pareció inequívoco y sabio. Algo semejante le había ocurrido cuando el hijo estuvo dos semanas entre la vida y la muerte por un accidente de tránsito, sólo que la respuesta no le llegó en sueños, sino por la conversación casual con una mujer que se le acercó en el mercado sin ningún motivo. No era supersticiosa, pero tenía la certeza racional de que la identificación perfecta con su madre continuaba después de su muerte. Así que le hizo las preguntas del año, puso las flores en la tumba, y se fue convencida de recibir las respuestas el día menos pensado.
 
Misión cumplida: había repetido aquel viaje por veintiocho años consecutivos cada 16 de agosto a la misma hora, en el mismo cuarto del mismo hotel, con el mismo taxi y la misma florista bajo el sol de fuego del mismo cementerio indigente, para poner un ramo de gladiolos frescos en la tumba de su madre. A partir de ese momento no tenía nada que hacer hasta las nueve de la mañana del día siguiente, cuando salía el transbordador de regreso.
Se llamaba Ana Magdalena Bach, había cumplido cincuenta y dos años de nacida y veintitrés de un matrimonio bien avenido con un hombre que la amaba, y con el cual se casó sin terminar la carrera de letras, todavía virgen y sin noviazgos anteriores. Su padre fue un maestro de música que seguía siendo director del Conservatorio Provincial a los ochenta y dos años, y su madre había sido una célebre maestra de primaria montesoriana que, a pesar de sus méritos, no quiso ser nada más hasta su último aliento.
 
Ana Magdalena heredó de ella la esbeltez de los ojos amarillos, la virtud de las pocas palabras y la inteligencia para disimular el temple de su carácter. La voluntad de ser enterrada en la isla la había expresado tres días antes de morir. Ana Magdalena quiso acompañarla, desde el primer viaje, pero a nadie le pareció prudente, porque ella misma no creyó que pudiera sobrevivir a su congoja. Al primer aniversario, sin embargo, su padre la llevó a la isla para poner la lápida de mármol que estaban debiéndole a la tumba. La asustó la travesía en una canoa con motor fuera de borda que demoró casi cuatro horas sin un instante de buena mar. Admiró las playas de harina dorada al borde mismo de la selva virgen, el alboroto atronador de los pájaros y el vuelo fantasmal de las garzas en el remanso de la laguna interior. Pero la deprimió la miseria de la aldea, donde tuvieron que dormir a la intemperie en una hamaca colgada entre dos cocoteros, y la cantidad de pescadores negros con el brazo mutilado por la explosión prematura de los tacos de dinamita. Por encima de todo, sin embargo, entendió la voluntad de su madre cuando vio el esplendor del mundo desde la cumbre del cementerio. Fue entonces cuando se impuso el deber de llevarle un ramo de flores todos los años mientras tuviera vida.
 
Agosto era el mes más caluroso del año y la estación de los aguaceros grandes, pero ella lo entendió como una obligación de su vida privada que debía cumplir sin falta y siempre sola. Fue la única condición que le impuso a su hombre antes de casarse, y él tuvo la inteligencia de admitir que era algo ajeno a su poder.
 
Así que Ana Magdalena había visto crecer año tras año los acantilados de cristal de los hoteles de turismo, había pasado de las canoas de indios a las lanchas de motor, y de éstas al transbordador, y creía tener motivos para sentirse como el nativo más antiguo de la aldea.
Aquella tarde, cuando volvió al hotel, se tendió en la cama sin más ropas que las bragas de encajes y reanudó la lectura del libro que había empezado durante el viaje. Era el Drácula original de Bram Stoker. Siempre fue una buena lectora. Había leído con rigor lo que más le gustaba, que eran las novelas cortas de cualquier género, como el Lazarillo de Tormes, El viejo y el mar, El extranjero. En los últimos años, al borde de los cincuenta, se había sumergido a fondo en las novelas sobrenaturales.
 
Drácula le había fascinado desde el principio, pero aquella tarde sucumbió al trueno continuo del ventilador colgado del cielo raso, y se quedó dormida con el libro en el pecho. Despertó dos horas después en las tinieblas, sudando a mares, de mal humor y sorda de hambre.
 
No era una excepción en su rutina de años. El bar del hotel estaba abierto hasta las diez de la noche, y varias veces había bajado a comer cualquier cosa antes de dormir. Notó que había más clientes que de costumbre a esa hora, y el mesero no le pareció el mismo de antes. Ordenó para no equivocarse un sándwich de jamón y queso con pan tostado, y café con leche. Mientras se lo llevaban se dio cuenta de que estaba rodeada por los mismos clientes mayores de cuando el hotel era el único, o de escasos recursos, como ella. Una niña mulata cantaba boleros de moda, y el mismo Agustín Romero, ya viejo y ciego, la acompañaba bien y con amor en el mismo piano de media cola de la fiesta inaugural.
 
Terminó deprisa, abrumada por la humillación de comer sola, pero se sintió bien con la música, que era suave y tierna, y la niña sabía cantar. Cuando volvió en sí sólo quedaban tres parejas en mesas dispersas, y justo frente a ella, un hombre distinto que no había visto entrar. Vestía de lino blanco, como en los tiempos de su padre, con el cabello metálico y el bigote de mosquetero terminado en puntas. Tenía en la mesa una botella de aguardiente y una copa a la mitad, y parecía estar solo en el mundo.
 
El piano inició el Claro de luna de Debussy en un buen arreglo para bolero, y la niña mulata la cantó con amor. Conmovida, Ana Magdalena pidió una ginebra con hielo y soda, el único alcohol que se permitía de vez en cuando, y lo sobrellevaba bien. Había aprendido a disfrutarlo a solas con su esposo, un alegre bebedor social que la trataba con la cortesía y la complicidad de un amante secreto.
El mundo cambió desde el primer sorbo. Se sintió bien, pícara, alegre, capaz de todo, y embellecida por la mezcla sagrada de la música con el alcohol. Pensaba que el hombre de la mesa de enfrente no la había mirado, pero cuando ella lo miró por segunda vez después del primer sorbo de ginebra, lo sorprendió mirándola. Él se ruborizó. Ella, en cambio, le sostuvo la mirada mientras él miró el reloj de leontina, lo guardó impaciente, miró hacia la puerta, se sirvió otro vaso, ofuscado, porque ya era consciente de que ella lo miraba sin clemencia. Entonces la miró de frente. Ella le sonrió sin reservas, y él la saludó con una leve inclinación de cabeza. Entonces ella se levantó, fue hasta su mesa y lo asaltó con una estocada de hombre.
–¿Puedo invitarlo a un trago?
El hombre se resquebrajó.
–Sería un honor –dijo.
–Me bastaría con que fuera un placer –dijo ella.
 
No había terminado cuando ya estaba sentada a la mesa, y sirvió un trago en la copa de él, y otro para ella. Lo hizo con tanta habilidad, y tan buen estilo, que él no acertó a quitarle la botella para impedir que se sirviera ella misma. Salud, dijo ella. Él se puso a tono, y ambos se tomaron la copa de un golpe. Él se atragantó, tosió con sobresaltos de todo el cuerpo y quedó bañado en lágrimas. Sacó el pañuelo intachable con un vaho de agua de lavanda, y la miró a través del llanto. Ambos guardaron un largo silencio hasta que él se secó con el pañuelo y recobró la voz. Ella se atrevió a sentar plaza con una pregunta:
–¿Está seguro que no vendrá nadie?
–No –dijo él sin ninguna lógica–. Era un asunto de negocios, pero ya no llegará.
Ella preguntó con una expresión de incredulidad calculada: ¿Negocios? Él le respondió como hombre para que no le creyera: Ya no estoy para nada más. Y ella, con una vulgaridad que no era suya, pero bien calculada, lo remató:
–Será en su casa.
Siguió pastoreándolo con su tacto fino. Jugó a adivinarle la edad, y se equivocó por un año de más: cuarenta y seis. Jugó a descubrir su país de origen por el acento, pero no acertó en tres tentativas. Probó a adivinar la profesión, pero él se apresuró a decirle que era ingeniero civil, y ella sospechó que era una artimaña para impedir que llegara a la verdad.
 
Hablaron sobre la audacia de convertir en bolero una pieza sagrada de Debussy, pero él no lo había advertido. Sin duda, se dio cuenta de que ella sabía de música y él no había pasado del Danubio azul. Ella le contó que estaba leyendo Drácula. Él sólo lo había leído de niño en una versión infantil, y seguía impresionado con la idea de que el conde desembarcara en Londres transformado en perro. En el segundo trago ella sintió que el aguardiente se había encontrado con la ginebra en alguna parte de su corazón, y tuvo que concentrarse para no perder la cabeza. La música se acabó a las once, y sólo esperaban que ellos se fueran para cerrar.
 
A esa hora ella lo conocía ya como si hubiera vivido con él desde siempre. Sabía que era aseado, impecable en el vestir, con unas manos mudas agravadas por el esmalte natural de las uñas. Se dio cuenta de que estaba cohibido por los grandes ojos amarillos que ella no apartó de los suyos, y que era un hombre bueno y cobarde. Se sintió con el dominio suficiente para dar el paso que no se le había ocurrido ni en sueños en toda su vida, y lo dio sin misterios:
–¿Subimos?
Él dijo con una humildad ambigua:
–No vivo aquí.
Pero ella no esperó siquiera que terminara de decirlo. Se levantó, sacudió apenas la cabeza para dominar el alcohol, y sus ojos radiantes resplandecieron.
–Yo subo primero mientras usted paga, le dijo. Segundo piso, número 203, a la derecha de la escalera. No toque, empuje nada más.
 
Subió a la habitación arrastrada por un dulce desasosiego que no había vuelto a sentir desde su última noche de virgen. Encendió el ventilador del techo, pero no la luz; se desnudó en la oscuridad sin detenerse, y dejó el reguero de ropa en el suelo desde la puerta hasta el baño. Cuando encendió la lámpara del tocador tuvo que cerrar los ojos y aspirar hondo con un esfuerzo para regular la respiración y controlar el temblor de las manos. Se lavó a toda prisa: el sexo, las axilas, los dedos de los pies macerados por el caucho de los zapatos, pues, a pesar de los terribles sudores de la tarde, no había pensado bañarse hasta la hora de dormir. Sin tiempo de cepillarse los dientes, se puso en la lengua una pizca de pasta dentífrica, y volvió al cuarto, iluminado apenas por la luz oblicua del tocador.
 
No esperó a que su invitado empujara la puerta, sino que la abrió desde dentro cuando lo sintió llegar. Él se asustó: ¡Ay, mi madre! Pero ella no le dio tiempo de más en la oscuridad. Le quitó la chaqueta a zarpazos enérgicos, le quitó la corbata, la camisa, y fue tirando todo en el suelo por encima de  su hombro. A medida que lo hacía, el aire se iba impregnando de un fuerte olor de agua de lavanda. Él trató de ayudarla al principio, pero ella se lo impidió con su audacia y su autoridad. Cuando lo tuvo desnudo hasta la cintura, lo sentó en la cama y se arrodilló para quitarle los zapatos y las medias. Él se soltó al mismo tiempo la hebilla del cinturón de modo que a ella le bastó con jalar los pantalones para quitárselos, sin que ninguno de los dos se preocupara por el reguero de llaves y el puñado de billetes y monedas que cayeron en el suelo. Por último, lo ayudó a sacarse el calzoncillo a lo largo de las piernas, y se dio cuenta de que no era tan bien servido como su esposo, que era el único que ella conocía, pero estaba sereno y enarbolado.
 
No le dejó ninguna iniciativa. Se acaballó sobre él hasta el alma y lo devoró para ella y sin pensar en él, hasta que ambos quedaron exhaustos en un caldo de sudor. Permaneció encima, luchando a solas contra las primeras dudas de su conciencia bajo el chorro caliente y el ruido sofocante del ventilador, hasta que se dio cuenta de que él no respiraba bien, abierto en cruz bajo el peso de su cuerpo. Entonces descabalgó y se tendió bocarriba a su lado. Él permaneció inmóvil hasta que pudo preguntar con el primer aliento:
–¿Por qué yo?
–Me pareció muy hombre –dijo ella.
–Viniendo de una mujer como usted –dijo él– es un honor.
–Ah –bromeó ella–. ¿No fue un placer?
Él no contestó y ambos yacieron pendientes de los ruidos de la noche. El cuarto era sedante en la penumbra de la laguna. Se oyó un aleteo cercano.
Él preguntó: ¿Qué es eso? Ella le habló de los hábitos de las garzas en la noche. Al cabo de una hora larga de susurros banales, ella empezó a explorar con los dedos, muy despacio, desde el pecho hasta el bajo vientre.
Lo exploró después con el tacto de sus pies a lo largo de las piernas, y comprobó que todo él estaba cubierto por un vello rizado y tierno que le recordó la hierba en abril. Luego empezó a provocarlo con besos tiernos en las orejas y en el cuello, y se besaron por primera vez en los labios.
Entonces él se le reveló como un amante exquisito que la elevó sin prisa hasta el más alto grado de ebullición. Ella se sorprendió de que unas manos tan primarias fueran capaces de tanta ternura. Pero cuando él trató de inducirla al modo convencional del misionero, ella se resistió, temerosa de que se estropeara el prodigio de la primera vez. Sin embargo, él se le impuso con firmeza, la manejó a su gusto y manera, y la hizo feliz.
Habían dado las dos cuando la despertó un trueno que sacudió los estribos de la casa, y el viento forzó el pestillo de la ventana. Se apresuró a cerrarla, y en el mediodía instantáneo de otro relámpago vio la laguna encrespada, y a través de la lluvia vio la luna inmensa en el horizonte y las garzas azules aleteando sin aire en la borrasca.
De regreso a la cama se le enredaron los pies en la ropa de ambos. Dejó la suya en el suelo para recogerla después, y colgó la chaqueta de él en la silla, colgó encima la camisa y la corbata, dobló los pantalones con cuidado para no arrugarles la línea, y le puso encima las llaves, la navaja y el dinero que se le habían caído de los bolsillos. El aire del cuarto se refrescaba por la tormenta, así que se puso el camisón rosado de una seda tan pura que le erizó la piel. El hombre, dormido de costado y con las piernas encogidas, le pareció un huérfano enorme, y no pudo resistir una ráfaga de compasión. Se acostó a sus espaldas, lo abrazó por la cintura, y el vaho amoniacal de su cuerpo ensopado de sudor le llegó al alma. Él soltó un resuello áspero y empezó a roncar.
Ella se adurmió apenas, y despertó en el vacío del ventilador eléctrico cuando se fue la luz y el cuarto quedó en la fosforescencia verde de la laguna. Él roncaba entonces con un silbido continuo. Ella empezó a teclear en sus espaldas con la punta de los dedos por simple travesura. Él dejó de roncar con un sobresalto abrupto y su animal exhausto empezó a revivir. Ella lo abandonó por un instante y se quitó de un tirón la camisa de noche. Pero cuando volvió a él fueron inútiles sus artes, pues se dio cuenta de que se hacía el dormido para no arriesgarse por tercera vez. Así que se apartó hasta el otro lado de la cama, volvió a ponerse la camisa y se durmió a fondo de espaldas al mundo.
Su horario natural la despertó al amanecer. Yació un instante divagando con los ojos cerrados, sin atreverse a admitir el latido de dolor de sus sienes ni el mal sabor de cobre en la boca, por el desasosiego de que algo ignoto la esperaba en la vida real. Por el ruido del ventilador se dio cuenta de que había vuelto la luz y la alcoba era ya visible por el alba de la laguna.
 
De pronto, como el rayo de la muerte, la fulminó la conciencia brutal de que había fornicado y dormido por la primera vez en su vida con un hombre que no era el suyo. Se volvió a mirarlo asustada por encima del hombro, y no estaba. Tampoco estaba en el baño. Encendió las luces generales y vio que no estaba la ropa de él, y en cambio la suya, que había tirado por el suelo, estaba doblada y puesta casi con amor en la silla. Hasta entonces no se había dado cuenta de que no sabía nada de él, ni siquiera el nombre, y lo único que le quedaba de su noche loca era un tenue olor de lavanda en el aire purificado por la borrasca. Sólo cuando cogió el libro de la mesa de noche para guardarlo en el maletín se dio cuenta de que él le había dejado entre sus páginas de horror un billete de a veinte dólares.

EL PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA INÉDITA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ADMIRA A LOS ESCRITORES...

El amor en tiempos del cuento
    El primer capítulo de la novela inédita de Gabriel García Márquez admira a los escritores
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El texto avanzado este domingo por 'La Vanguardia' revela que 'En agosto nos vemos' es una sugerente historia de amor y sexo entre personas de mediana edad

Libros | 21/04/2014 - 00:00h | Última actualización: 21/04/2014 - 06:59h
Gabriel García Márquez Oriol Malet
 
El relato En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez (1927-2014), que publicó ayer La Vanguardia, fue concebido como el primer capítulo de los cinco de una novela inédita que el Nobel colombiano tenía guardada en un cajón, al no convencerle plenamente ninguno de los finales que había esbozado, hasta seis diferentes, según algunas fuentes. Sus herederos decidirán finalmente si esta obra verá algún día la luz pública, pero, mientras tanto, diversas personalidades del mundo de la literatura opinan hoy sobre los temas, el estilo y las promesas que apunta esta sugerente historia de amor -o de sexo- en la mediana edad. Es el último legado de un escritor que cambió la historia de la literatura.
J. A. MASOLIVER RÓDENAS
Poeta y crítico literario

Dulce desasosiego

La acumulación de empalagosos elogios -incluidos los de la caterva de políticos que de Barack Obama a Mariano Rajoy, salvando las distancias, han vivido de espaldas a la literatura y a la cultura en general- y los descarados intereses comerciales no son el mejor contexto para mostrar el mínimo entusiasmo ante un texto inédito de Gabriel García Márquez, un escritor que lo había dado todo e incluso un poco más. Aquejado de una alarmante gabismofobia, he empezado a leer el primer capítulo de En agosto nos vemos, novela inédita e inacabada que fue escribiendo desde 1999, y me he encontrado con lo que más he admirado de su escritura, presente en sus crónicas periodísticas, en sus novelas breves y sobre todo en sus cuentos tan poco mencionados por la crítica. Y es como un cuento que se puede y se debe leer este primer capítulo, publicado ayer como valiosa primicia en la sección de Cultura de este periódico. Encontramos aquí al gran lector de Faulkner, con una poderosa capacidad de ambientación, para regresar a un Caribe que nos resulta ya familiar pero siempre inédito, gracias a una de las prosas más precisas y subyugantes de nuestra lengua y que nada tiene que ver con el agobiante estilismo azoriniano tan cultivado por nosotros. Y está también la magnífica historia de esta mujer casada que visita la tumba de su madre y que sucumbe a los misteriosos encantos de la atracción física para encontrarse con un impactante desenlace. Otra fascinante mujer en la galería de extraordinarias mujeres que pueblan las páginas de la escritura de García Márquez. Ojalá la prometida novela esté a la altura de unas páginas que han conseguido vencer todas mis justificadas reservas.

SERGIO ÁLVAREZ
Novelista colombiano

En estado casi puro

Gabriel García Márquez es un escritor tan genial y tiene un mundo tan propio que incluso imitándose a sí mismo escribe con maestría y llega a ser original. Este primer capítulo de En agosto nos vemos no aporta demasiado a los lectores críticos, pero, si es en verdad una novela inédita y no un texto inacabado, hará disfrutar y soñar a los lectores desprevenidos del premio Nobel colombiano. Salvo el primer párrafo, que es excesivo, y algunas frases posteriores que adolecen del mismo mal, la prosa no tiene pérdida; la historia fluye con la dulzura que sólo puede ofrecer un escritor tan certero en lo que narra, y uno vuelve a tropezar con esas imágenes imprevistas con las que García Márquez acostumbra a enamorar la fantasía y los sentimientos del lector.

Aprovecha además este texto la gran ventaja con la que contaron los escritores del boom. No es un texto sobre personajes desencantados o cínicos o sobre seres humanos atravesados por la depresión de una historia que ya no ofrece utopías. Es un texto fundacional sobre una mujer que todavía cree en la verdad y en el amor y es por eso la historia de un personaje al que le queda fácil conseguir que el lector sueñe, disfrute e incluso crea que la humanidad tiene esperanza. Espero con ansias leer el resto, estoy seguro de que si los editores son honestos y nos dan un libro completo, la reciente muerte del escritor tendrá con esta lectura algo de consuelo y mucho de regreso a la lucidez que siempre nos dieron los libros del autor.

CARME RIERA
Novelista

Principio sugerente

Con García Márquez ocurre como con los buenos vinos: percibimos desde el primer sorbo -desde la primera línea- un sabor especial que nos atrae y nos incita a seguir leyendo. No sé si, en efecto, el final de En agosto nos vemos no está a la altura, como parece que aseguró el autor y por eso no quiso publicar la novela, pero el principio es muy sugerente por más que utilice un viejo tópico y un desenlace previsible. De manera que para atreverse a un planteamiento semejante hay que ser García Márquez.

ADOLFO SOTELO VÁZQUEZ
Catedrático de H.ª de la Literatura Española y decano de la fac. Filología (UB)

La pasión de la lengua

El primer capítulo de En agosto nos vemos que García Márquez leyó en 1999 como adelanto de su futura novela es espléndido. Narración impecable, en la que se conjugan de modo prodigioso la oralidad y la visualidad. Los signos de la narración son las imágenes de la visión: el gran realismo decimonónico se invierte. Desde Balzac hasta Galdós, desde Flaubert a Clarín no teníamos noticia igual. En suma, el arte de GGM, el arte de uno de los mayores novelistas del siglo XX ha establecido nuevos horizontes: la prosa narraba y describía. La prosa del maestro colombiano ve, adivina, visualiza. Desde la mirada y la memoria del novelista la prosa se instituye como imagen.

Estoy leyendo en el ejemplar dominical de La Vanguardia (20/IV/2014) el arranque de la novela póstuma de un maestro y, como lector habitual de novelas, me siento anonadado, porque la distancia estética entre el maestro y los demás novelistas es sideral. García Márquez tiene la inteligencia y la pasión de la lengua, la suficiencia de las técnicas narrativas y de los ámbitos oscuros de la personalidad de sus criaturas. Excepcional. Nadie como GGM ha narrado en castellano a lo largo de la modernidad: contar y ver, contar y hacernos ver, sentir que vemos.

La novela que GGM más quería es El amor en los tiempos del cólera (1985). Su comienzo es este: "Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados". Cada 16 de agosto -leo En agosto nos vemos- Ana Magdalena Bach (el nombre reverbera, no es inocente) repite durante 28 años el viaje a una isla del Caribe abierto. Todo está envuelto en la rutina sucesiva: "su propia máscara", "su perfume amargo", "su rostro de madurez otoñal"... El soborno del tiempo y la luz oblicua de la pasión, el éxtasis y "la hierba de abril" conducen a la premonitoria desembocadura: "como el rayo de la muerte, la fulminó la conciencia brutal de que había fornicado y dormido por la primera vez con un hombre que no era el suyo". Síntesis excesiva de un capítulo, de una novela que a buen seguro se adentra en los meandros del sentimiento. Esperamos la novela, aunque sea inconclusa, sabedores de las palabras del maestro: "El corazón tiene más cuartos que un hotel de putas".

SANTIAGO RONCAGLIOLO
Novelista peruano

La sexualidad de los viejos

Es un cuento bonito. Tiene todos sus rasgos de estilo en muy poquito espacio: el amor, la muerte, esa idea redentora del sexo, en el que todo se lava, incluso la muerte. Las descripciones del pueblo, del cementerio al que llega... Es una condensación, un multivitamínico García Márquez. No tiene la parte mágica, es una narración muy realista, pero encontramos los escenarios tropicales, el amor y un tema muy interesante: es una historia paralela a Memoria de mis putas tristes, pues trata la sexualidad cuando ya no eres joven, sino de mediana edad cerca de la tercera. Él tenía una cosa hoy políticamente incorrecta pero normal entre los escritores latinoamericanos, como Jorge Amado, esa glorificación de la prostituta que hoy sería casi ilegal, o de la mujer que se entrega sexualmente y que en ese acto total lava como con agua bendita su pasado y sus problemas. Fue el final de su carrera y, por lo leído en este capítulo, se nos fue dejando algo que se promete muy bien contado. Se acabó García Márquez, no nos dio más, uno piensa que, de haber seguido escribiendo, podía haber sido un Philip Roth caribeño y haber profundizado en este tema de una manera más triste y melancólica. Muy pocos escritores se atreven a tocar la sexualidad de los viejos. Sólo los muy grandes.

JOANA BONET
Periodista y escritora

No es cualquier mujer

Una mujer que lleva un reloj de hombre y utiliza un perfume amargo no es cualquier mujer. En media cuartilla, García Márquez levanta el personaje de Ana Magdalena Bach en tres dimensiones: la física, la psicológica y la sexual. Una mujer con sus iniciales bordadas en la camisa, que se permite un minuto de nostalgia contemplando el vuelo de las garzas. Una mujer que desde hace 28 años visita en agosto la tumba de su madre. Que lee Drácula y bebe aguardiente. Que acaba trajinándose a un hombre limpio y cobarde hasta acaballarse sobre él. Un hombre que le dejará la ropa doblada en la silla y un billete de veinte dólares. La realidad se destripa, sin nombrar impulso ni instinto. Eros y Thanatos, pero ahora los muertos sólo hablan a través de la vida. No hay hechiceros. Un torrente de sexualidad femenina abrasa las sábanas. Qué pensarán ahora algunas feministas o los integristas iraníes que condenaron Memorias de mis putas tristes, exigiéndole ejemplaridad a la ficción, puertas al mar. Veinte dólares bajo un ventilador.

SERGIO VILA-SANJUÁN
Novelista y periodista

Periodismo, poesía y fantasía

Octavio Paz dijo en cierta ocasión, malévolamente, que la prosa de García Márquez, "esencialmente académica, es un compromiso entre periodismo y fantasía. Poesía aguada. García Márquez es un continuador de una doble corriente latinoamericana: la épica rural y la novela fantástica. No carece de habilidad, pero es un divulgador, o como llamaba Pound a este tipo de fabricantes, un diluter".

Las intenciones del mexicano eran venenosas, pero su diagnóstico, si le quitamos la carga negativa, es inteligente. Efectivamente, en los mejores momentos del autor colombiano encontramos periodismo, hay fantasía y resulta recurrente un tono poético más o menos diluido, que da entidad a su prosa pero no dificulta el desarrollo de la trama. En la magistral combinación de estos factores radicaría una de las claves de su éxito. (En cuanto a la parte académica que señala Paz, nunca he conseguido verla).

En el texto que adelantó ayer La Vanguardia también aparecen los tres componentes. La formación periodística se trasluce en la constante apelación a lo concreto: Ana Magdalena "volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las dos de la tarde". En el hotel "se suavizó los labios con el lápiz labial de vaselina simple", y luego ordenó para cenar "un sándwich de jamón y queso con pan tostado, y café con leche". Su vestuario está muy especificado: "Llevaba una camisa de cuadros escoceses, pantalones de vaquero, zapatos sencillos de tacón bajo y sin medias y, como único equipaje, un maletín de playa".

El tono lírico surge de la descripción del pueblo, con "sus casas de bahareque y techos de palma", y de su cementerio. La fantasía la aporta la anécdota sobre la que se estructura este capítulo, que podría ser un relato autónomo en la línea de las Historias de amor de Adolfo Bioy Casares. Es decir, una fábula moderna sobre las consecuencias de la atracción entre hombres y mujeres. El tema de la reaparición tardía del erotismo y las alusiones al sexo de pago enlazan directamente este En agosto nos vemos con la última -y discutida- novela que publicó el autor, Memoria de mis putas tristes.

21 abril, 2014

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ OCUPARÁ UN LUGAR ETERNO EN LA MEMORIA...



 Néstor Medrano
Santo Domingo
FUENTE: LISTIN DIARIO..
...
La muerte del gran escritor colombiano, Premio Nobel 1982, Gabriel García Márquez, el pasado Jueves Santo, deja la evidencia de su paso definitivo hacia la inmortalidad y la consideración, entre los escritores dominicanos, de que ocupará un lugar eterno en la memoria.

Para la narradora y poeta Ángela Hernández, García Márquez fue una gran influencia para todos los escritores, hombres y mujeres.

“Ha influenciado con su apasionada y rutilante caribeñidad aún a los que no sabían o no podían leerlo”, dijo, al señalar que su manera de ver al mundo, la historia, la realidad, la memoria y el tiempo, cambió la imagen del Caribe y América Latina en todo el planeta.

Mientras que el novelista Andrés L. Mateo, considera que la natural pérdida de un maestro de la palabra, un productor de mundos ficticios, que solo podían hacerlo autores de la grandeza de Moliere, Cervantes o Faulkner.

“García Márquez es un escritor de un mundo imaginado propio, porque su imaginación desatada aporta otra manera de ver la historia americana”, manifestó a LISTÍN DIARIO.

El novelista, Pedro Antonio Valdez, significó, al opinar sobre el que constituirá uno de los eventos de mayor relevancia de este año, que con la muerte de García Márquez, “nuestro Cervantes latinoamericano” quedan sin padres hermosas historias de la mejor imaginería de nuestra lengua.

Asimismo, el veterano novelista Efraím Castillo, expresó que García Márquez, como Cervantes, Borges, Cortázar o Rulfo, no ha muerto. “Lo que hizo fue transitar de lo físico a lo inmortal”, su obra permanecerá más allá de lo físico. Para el también veterano de la narrativa, Roberto Marcallé Abreu, el autor de Cien Años de Soledad alcanzó la cúspide en un ámbito de dificultades y complejidades propias del mundo de las letras.

“Dueño de una imaginación portentosa, era la figura más relevante del Boom Latinoamericano y salvo Jorge Luis Borges, no creo que otro escritor latinoamericano haya logrado su estatura”.

El poeta León Félix Batista considera que García Márquez, como espejo en que se puede reflejar un escritor novel, devuelve la mejor imagen posible: el éxito en base al sacrificio y a la seguridad en su talento.

“Esa imagen, además, deja ver otra cosa: nunca se debe dudar en innovar en la escritura, en revolverlo todo para buscar tu voz y en dejarte permear por la temperatura estética de tu lengua y de tu generación, recordando las palabras de tu tribu, sino que formas parte de un mosaico mucho más amplio, transfronterizo”.

Igualmente, para el escritor y crítico literario José Carvajal, el mago de Macondo decidió “morir para soñarla”.

Explica que se movía por el mundo con la fama que obtuvo en 1982 con el Nobel de Literatura y la que ya había cosechado desde los años sesenta con el éxito de Cien Años de Soledad.

“Y es que la sombra de García Márquez era tan grande que empequeñecía a todos los que estuvieran bajo el mismo techo que él”, añadió. Para Carvajal, el legado de García Márquez es y será siempre el haber hecho magia con las palabras, el de enseñar, como el gran maestro de la literatura que era, que no existen temas locales si se tienen ideas claras acerca de la influencia que ejercen en la sociedad un escritor consagrado a su oficio y sobre la función del verdadero arte de narrar.
 
  1.  

20 abril, 2014

GARCÍA MÁRQUEZ- VARGAS LLOSA, HISTORIA DE UN PUÑETAZO...

Gabriel García Márquez (Q.E.P.D)



Los novelistas protagonizaron una de las rivalidades más famosas en el mundo literario desde que en 1976 Vargas Llosa propinó en México, ante testigos, un puñetazo a su otrora amigo.     
0Gabriel García Márquez (Q.E.P.D) (AFP)

Madrid
Un puñetazo quebró hace años la amistad que unió a Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa y el incidente dio lugar a una leyenda que engrandeció, si cabe más aún, las figuras de ambos escritores, los dos Premio Nobel de Literatura y genios de las letras hispanoamericanas.

Los novelistas, que se conocieron en Venezuela en 1967, protagonizaron una de las rivalidades más famosas en el mundo literario desde que en 1976 Vargas Llosa propinó en México, ante testigos, un puñetazo a su otrora amigo.

El motivo de la disputa ha sido un misterio desde entonces porque los escritores han mantenido un histórico pacto de silencio entre caballeros.

Eso no impide que sean varias las versiones que circulan sobre las causas que pudieron provocar el desencuentro y la ruptura de una amistad que no surge con facilidad en el mundo de las letras.

Rodrigo Moya, amigo de Gabo, publicó en 2007 un artículo y fotos del incidente el mismo día en el que el autor de "Cien años de soledad" cumplía 80 años y en las que aparecía con el ojo izquierdo amoratado.

Moya, fotógrafo mexicano de origen colombiano, explicaba que la había hecho el 14 de febrero de 1976, dos días después del incidente, porque García Márquez quería tener "una constancia" de aquella agresión.

El fotógrafo le preguntó entonces al escritor qué había pasado y este fue "evasivo" y atribuyó la agresión a "las diferencias" que ya eran insalvables en la medida en que el autor peruano "se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha".

Fue Mercedes Barcha, la esposa de "Gabo", quien hizo el comentario más elocuente: "es que Mario es un celoso estúpido", cuenta el fotógrafo que dijo ella.

"Mientras ambas parejas vivían en París, los García Márquez habían tratado de mediar en los disturbios conyugales entre Vargas Llosa y su esposa, Patricia, acogiendo sus confidencias", apuntaba Moya.

La versión del periodista hispano-peruano Francisco "Paco" Igartua, la que mayor fuerza ha tomado con el paso del tiempo, se remite también a un origen en discrepancias sentimentales entre Vargas Llosa y su mujer.

El británico Gerald Martin, en su biografía "Gabriel García Márquez: una vida", da otra pista para desvelar el enigma: Vargas Llosa le dijo al colombiano: "esto es por lo que le dijiste a Patricia" o "esto es por lo que le hiciste a Patricia".

Ángel Esteban y Ana Gallegos, catedráticos de Literatura de la Universidad de Granada y autores de "De Gabo a Mario", se suman a la tesis de que la trifulca fue originada por una "cuestión personal", aunque sugieren además "diferencias ideológicas".

Vargas Llosa y García Márquez coincidieron en los años setenta en Barcelona, una época, según Pilar Donoso, hija del autor chileno José Donoso, que fue "especial para ambos".

Allí, los hijos del autor del "boom" jugaban juntos y formaron "una verdadera familia".

Barcelona es la ciudad en la que se cruzan las carreras en el plano editorial de García Márquez y Vargas Llosa de la mano de Carmen Balcells, la agente más importante de literatura en castellano.

El catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid José Manuel Lucía recuerda a Efe cómo ninguno de ellos abandonó "los servicios ni la amistad" de Balcells pese al desencuentro.

Su devenir literario confluyó una vez más cuando en octubre de 2010 la Academia sueca reconoció con el Premio Nobel de Literatura al peruano.

"Son muy diferentes", asegura Peter Landelius, un diplomático experto en narrativa hispanoamericana que es el traductor de ambos al sueco.

Aunque la reconciliación hubiera sido "muy deseable" por la "magnitud literaria" de los dos, según Eduardo Becerra, experto en literatura hispanoamericana, lo cierto es que el abrazo de la reconciliación jamás se ha producido.

Tendrán que ser los demás, "los que averigüen, descubran, los que digan qué paso", retaba Vargas Llosa

DOCE CUENTOS PEREGRINOS....

Por: Enrique Aguiar Herrera

Peregrinos les llama a sus narrativas Garcìa Màrquez y de verdad que lo son. La vida es un peregrinaje que siempre termina tràgicamente, ¿Es que acaso la muerte aunque sea a buen resguardo en la cama, o en una confortable sala de cuidados intensivos, no es una tragedia personal terrible?

El peregrinaje de los cuentos de Garcìa Màrquez es sobrecogedor. Son peregrinos sin destino...Peregrinos envueltos en los velos grises de la incertidumbre...Peregrinos sin esperanza, sin salida...Peregrinos sin descanso, siempre peregrinos.....

Aquel presidente exiliado, pobre y enfermo. Habìa ido a parar a Ginebra donde fue reconocido por Homero un paisano suyo quien se hizo ilusiones junto a su mujer de sacarle una buena tajada, y no. Era pobre de solemnidad. A duras penas se curò de lo que le aquejaba y para sorpresa de sus "desinteresados" bienhechores se volviò a su paìs a reiniciar el peregrinaje de tomar de nuevo el poder.

Pero fajina famososa en ese peregrinaje fue el de Margarito Duarte con el cadàver de su hija que despuès de diez años de enterrada, estaba fresca, lozana y perfumada como si durmiera.

Margarito pensò, como enseña La Iglesia, que la incorruptibilidad del cuerpo era un sìntoma inequìvoco de la santidad y cargò con su muerta incorruptible a Roma para que el Papa Pio XII la viera y procediera a su canonizaciòn. Esta demàs decir que fue en balde su peregrinaje, por toda Roma, detràs del Papa con su muerta al hombro.

Quince años de peregrinaje inùtil. Se habìa puerto viejo y cansado. Textualmente dice el autor: "Habìan muerto cinco papas, la Roma eterna demostraba los primeros sìntomas de la decrepitud, y èl seguìa esperando...Se fue arrastrando los pies por medio de la calle"...

Pero el peregrinaje de Marìa de la Luz Cervantes si que fue patètico. Era mexicana y estaba casada con un prestidigitador. Iba a visitar unos parientes, un ir para venir, su carro se descompuso en medio de un torrencial aguacero. Tenìa que llamar por telèfono para avisar a su marido su tardanza por el percance. Un automovilista que pasaba se detuvo, ella le comunicò que sòlo querìa llegar donde hubiese un telèfono. Subiò al carro sin saber que era un vehìculo de un sanatorio de enfermas mentales, donde iban otras enfermas y una enfermera.

A la llegada sin saberse còmo se creò la confusiòn y la dejaron interna, aunque su nombre no aparecìa en la lista de las nuevas locas a internar. No valiò nada. Mientras màs razonaba su razòn, su cordura, menos caso le hacìan, consideràndola altamente peligrosa, taimada, violenta.

Ese sì fue un peregrinaje exasperante y triste para el lector/ra, que se siente envuelto en esa maraña, y la vive en carne propia. Una de las guardianas tan violenta como lesbiana a cambio de algunas caricias la deja comunicarse con su esposo. De poco vale. El ya ha sido advertido por el mèdico director del sanatorio y cree efectivamente que su mujer ha enloquecido. Se encuentra con ella, ella espera que èl haya venido a buscarla y que va...dura la realidad y sin salida, en la narrativa y en la realidad.

Nena Laconte y su marido Billy Sànchez de Avila fueron otros que vinieron a dar en un peregrinaje de tristezas. De familias millonarias del Caribe, recièn casados fueron en viaje de luna de miel a Europa. tuvo el insignificante percance de pincharse con una espina de un ramo de rosas que le regalaron. La leve cortadura no dejò de sangrar ya màs hasta convertirse en una hemorragia imparable. Iban a Paris de luna de miel.

Una vez allà se fueron directo al hospital donde a ella la dejaron interna, y èl por mil contratiempos y complicaciones no pudo volverla a ver, y sòlo supo de ella ya muerta y enterrada.

Sin embargo a Marìa dos Prazeres su peregrinaje se le torna tragicòmico y no tan triste. Ella era una meretriz retirada. Esperaba la muerte de un momento a otro y lo tenìa todo perfectamente planificado con una funeraria con la que firmò un contrato con pagos anticipados para todo lo referente a su tumba, funerales y enterramiento, contrato que la favorecìa con ciertos descuentos.

Una noche en que venìa de visitar su futura morada en la necròpolis cayeron unos aguaceros interminables. Un carro enorme y de lujo frenò a su lado invitàndola a subir. El conductor que se veìa que no era el dueño del carro sinò su chofer, era un hombre fuerte y apuesto. Cuando llegaron el le pidiò subir a su apartamento con insistencia. A ella le saltò su corazòn de puta, ya vieja y retirada, de nuevo solicitada. Ràpidamente revisò el sueño premonitorio que habìa tenido: "Dios mio" se dijo asombrada. ¡De modo que no era la muerte".

No hay que añadir nada. Su autor, Premio Nòbel, es demasiado conocido y gustado de todos. Los comentarios al màrgen sobran.....ah y està cumpliendo sus 80 primaveras....

CONFIRMAN QUE RESTOS DE GARCÍA MÁRQUEZ YA FUERON INCINERADOS...

Las Mundiales 19 Abril 2014
 
LO CONFIRMA EMBAJADOR
Las cenizas de García Márquez se repartirán entre México y Colombia
GARCÍA MÁRQUEZ FIJÓ SU RESIDENCIA EN MÉXICO A COMIENZOS DE LA DÉCADA DE LOS SESENTA, AUNQUE NUNCA PERDIÓ SU NACIONALIDAD COLOMBIANA
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EFE
México
Las cenizas del premio nobel Gabriel García Márquez serán repartidas entre México y Colombia, afirmó el embajador colombiano en esta capital, José Gabriel Ortiz.
El diplomático dio a conocer la información en declaraciones a los periodistas a la puerta de la casa del escritor colombiano, que pereció en esta capital el jueves, a la edad de 87 años.
"En México se queda desde luego alguna parte, por lo menos, y pensaría que se pueden llevar otras después a Colombia", afirmó el embajador colombiano.
El diplomático, en las declaraciones reproducidas por la cadena Milenio, dijo que también los colombianos quisieran hacer su propio homenaje al premio nobel, y por ello la idea es que "reposaran parte de sus cenizas allá".
García Márquez fijó su residencia en México a comienzos de la década de los sesenta, aunque nunca perdió su nacionalidad colombiana.
El embajador adelantó detalles del homenaje que se le rendirá al autor de "Cien años de soledad" el próximo lunes, en el Palacio de Bellas Artes, en el centro histórico de la capital mexicana.
Está previsto que tanto él como el director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar, reciban ese día las cenizas del escritor que le entregará la familia.
Eso será a las 16.00 hora local (21.00 GMT). Tovar y Ortiz depositarán las cenizas en un atril o un podio que se prepare en el Palacio de Bellas Artes y se encargarán de la primera guardia de honor, afirmó el diplomático.
Está previsto que la última guardia de honor sea hecha por los presidentes de Colombia y de México, Juan Manuel Santos y Enrique Peña Nieto, añadió Ortiz.
García Márquez falleció el jueves en su domicilio del sur de la capital mexicana, días después de salir de un hospital donde fue tratado por una neumonía.
Sus restos fueron trasladados a una funeraria de la capital, para proceder a la incineración en privado, a petición de la familia, que también anunció que no se realizarían honras fúnebres en la funeraria

Las tardes de helado de vainilla y capuchino de 'Gabo' en el DF
11:47 AM
 
(CNNMéxico) -— Gabriel García Márquez disfrutaba con ir a una plaza cercana a su casa, en el sur de la Ciudad de México, a tomar un helado de vainilla, casi siempre gratis, o yendo a tomar un capuchino en una librería.

Siempre llegaba a Perisur, una plaza a unos 10 minutos de su casa en Jardines del Pedregal, acompañado de su asistente Genovevo Quiroz, el compañero con quien compartía comidas y postres y el brazo del que se ayudaba para caminar por el lugar, cuentan a CNNMéxico empleados de la plaza.
Era frecuente ver a García Márquez tomando capuchino o comiendo en El Péndulo, al que acudía a veces hasta dos veces por mes desde hacía algunos años.
Llegaba después del mediodía, comía o tomaba café y se iba, cuenta uno de los empleados de la librería.
José, un joven que un día coincidió en el lugar con el nobel cuenta que poca gente se percataba de su presencia. “No se dieron cuenta quien era hasta que vieron que nos tomábamos fotos y nos firmaba libros”.
LEER NOTA COMPLETA EN CNN MÉXICO
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15 abril, 2014

CONFUCIO UNA DE LAS FIGURAS MAS INFLUYENTES DE LA HISTORIA CHINA..

Foto: Frase de Confucio (literalmente por Maestro Kong) (tradicionalmente 28 de septiembre de 551 a. C. - 479 a. C.), sobre el sabio. Fragmento de las Analectas en el que se define su ideal de hombre sabio, quien debe mantener un fin en la acción como es típico en el confucianismo (por oposición a otras escuelas de la filosofía china, tal que el taoísmo, donde se persigue la inacción o el Wu Bei).

Fue un filósofo chino, creador del confucianismo y una de las figuras más influyentes de la historia China.

La esencia de sus enseñanzas Confucio Mourasa en la buena conducta en la vida, el buen gobierno del Estado (caridad, justicia, y respeto a la jerarquía), el cuidado de la tradición, el estudio y la meditación. Las máximas virtudes son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados. Si el príncipe es virtuoso, los súbditos imitarán su ejemplo: gobernante/súbdito, marido/mujer y padre/hijo. Una sociedad próspera sólo se conseguirá si se mantienen estas relaciones en plena armonía. La base de la doctrina confuciana es recuperar a los antiguos sabios de la cultura china e influir en las costumbres del pueblo.

El maestro Kung fue el primero que reunió a un grupo de discípulos provenientes de distintos principados para formarlos adecuadamente en el buen gobierno. Junto con las medidas a tomar que ya había formulado en su época de joven funcionario, propuso llevar a la práctica sus ideas basándose en el respeto de las Tres Dinastías y recuperar la política del Duque de Tcheu. Confucio confiaba en que un príncipe siguiera sus indicaciones. De este modo, al final de un ciclo de doce meses, se habría logrado algún resultado; en tres años, su proyecto social se habría consumado a la perfección. Podemos resumir la doctrina confuciana en una serie de mandatos que deberían ser los principales deberes de todo hombre de gobierno.

http://es.wikiquote.org/wiki/Confucio
 
 
Frase de Confucio (literalmente por Maestro Kong) (tradicionalmente 28 de septiembre de 551 a. C. - 479 a. C.), sobre el sabio. Fragmento de las Analectas en el que se define su ideal de hombre sabio, quien debe mantener un fin en la acción... como es típico en el confucianismo (por oposición a otras escuelas de la filosofía china, tal que el taoísmo, donde se persigue la inacción o el Wu Bei).

Fue un filósofo chino, creador del confucianismo y una de las figuras más influyentes de la historia China.

La esencia de sus enseñanzas Confucio Mourasa en la buena conducta en la vida, el buen gobierno del Estado (caridad, justicia, y respeto a la jerarquía), el cuidado de la tradición, el estudio y la meditación. Las máximas virtudes son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados. Si el príncipe es virtuoso, los súbditos imitarán su ejemplo: gobernante/súbdito, marido/mujer y padre/hijo. Una sociedad próspera sólo se conseguirá si se mantienen estas relaciones en plena armonía. La base de la doctrina confuciana es recuperar a los antiguos sabios de la cultura china e influir en las costumbres del pueblo.

El maestro Kung fue el primero que reunió a un grupo de discípulos provenientes de distintos principados para formarlos adecuadamente en el buen gobierno. Junto con las medidas a tomar que ya había formulado en su época de joven funcionario, propuso llevar a la práctica sus ideas basándose en el respeto de las Tres Dinastías y recuperar la política del Duque de Tcheu. Confucio confiaba en que un príncipe siguiera sus indicaciones. De este modo, al final de un ciclo de doce meses, se habría logrado algún resultado; en tres años, su proyecto social se habría consumado a la perfección. Podemos resumir la doctrina confuciana en una serie de mandatos que deberían ser los principales deberes de todo hombre de gobierno.

COMO SE HACE PSEUDOCIENCIA BARATA APARENTEMENTE SERIA?..



Jan Pahl.

La gente prefiere una mentira reconfortante que una verdad gris....no saben ver más allá y ver lo hermoso que hay en la aparente verdad gris, la cosa es que hay un mercado inmenso de personas que quieren ver cosas como que se comprobó el ‘’alma’’ gracias a la física cuántica, mundos paralelos en donde nosotros somos una realidad virtual de la ‘’verdadera’’ realidad al mejor estilo gnóstico, encontrar partículas elementales que comprueben a Dios, etc.

Empecemos por una de las premisas elementales de las metodologías de la ciencia (sean cuantitativas o cualitativas), y metodologías hay más de la que un metodólogo pueda manejar, y cada día aparecen nuevas y otras nuevas a medida que se actualizan las viejas, se corrigen errores y surgen nuevos campos de estudio a subdisciplinas y preguntas experimentales novedosas que requieren la creación ad hoc de un protocolo particular, con sus propios materiales, métodos y proposiciones y arreglos teóricos y experimentales…..Llego al punto….NO se necesita postular a Dios ni al alma o realidades paralelas que no interactúen con nuestra realidad de alguna forma para crear ciencia….simplemente la ciencia no trata ni puede tratar por su naturaleza estos 3 temas, por ello eso es tema para otros conocimientos respetables como lo son la filosofía, la teología y hasta la matemática (la lógica por ejemplo). Pero ciencias no trata de esas preguntas que la gente quiere creer y que exige de la ciencia
respuestas que no puede dar.

Sin embargo con matemática y un buen conocimiento de ecuaciones diferenciales y fórmulas teóricas y ya verificadas de la física, la química literalmente se puede describir cualquier escenario que uno quiera, hasta con la neurología uno puede crear las más alocadas hipótesis haciendo presunciones lógicas con bases de datos comprobados que suenan bien....por algo la evidencia empírica es tan necesaria.....

Sin embargo siempre hay científicos o gente que tiene conocimientos vagos de ciencia y matemática que no le importa perder credibilidad ante la comunidad científica para ganarse unos pesos, maravedíes, reales o lo que sea en el inmenso mercado de sci-fi pseudoscience....muchas personas están dispuestas a ver cualquier cosa usando una ecuación verificada más allá de el campo de domino predictivo donde ha sido verificada…Un caso prototípico es el de Lacán, que usó topología matemática mal digerida para darle un falso sustento al psicoanálisis, ya que ni la evidencia empírica, ni teórica ayudaban a Freud y poco a poco perdía adeptos ante la imposibilidad de generar nueva teoría, comprobar hipótesis, y refutar de algún modo la avalancha de datos de todos lados de la ciencia que verificaban lo contrario a lo poco que Freud dejó como cosas que podían ser verificadas empíricamente. Sea como sea Lacan se convirtió en un Gurú en un mundo psiquiátrico, psicológico, neurocientífico, etológico y antropológico que perdía seguidores de Freud y adoptaba seguidores de Krapelin y la psicología científica que ya estaba haciendo técnicos con las primeras terapias que funcionaban estadísticamente hablando curando aparte de las ayudas farmacológicas que cada vez crecían más y más de parte de la psiquiatría científica fundada por krapelin, y la psicología científica fundada por fisiólogos y Wundt.

Sin embargo la psi-fi culture nunca morirá y tendrá un campo de adeptos no grande, sino grandísimo, y las teorías, que tienen un campo de acción restringido donde son empíricamente válidas o predictivas, siempre existirá el que se salta el científico experimental y creará con estas ecuaciones todo tipo de mundos posibles, como por ejemplo regresar en el tiempo, o la cada vez más criticada cosmología que postula escenarios increíbles y experimentalmente imposibles de verificar ni hoy, ni con tecnologías mejores, ni en mil años…..hasta Smolin, un físico que ganó su renombre por la teoría de cuerdas ha sido gran crítico de esa misma teoría, por que se ha llegado a un punto donde ya el físico teórico se salta al físico experimental, y declara ciencia algo que no pasa de escenario, mito, como quieran llamarlo….quizás se tenga que inventar una nueva disciplina para ello, pero ciencia no es, y las ecuaciones dan para muchas predicciones que jamás podrán ser llevadas a lo experimental, cosa que no se ha salvado las ciencias cualitativas, donde las descripciones y las definiciones operativas de mucha etnografía han pasado a un discurso erudito tan ‘’ontológico’’ que básicamente es imposible ya saber si la cultura opera así o no, tal como pasa con el muy influyente antropólogo Clifford Geertz, que gracias a su pasado como estudioso primero de filosofía antes que de antropología, llegó a unos discursos que si bien son filosóficamente muy respetables, no son ciencia cualitativa, sino otra disciplina, a saber antropología filosófica fronteriza con la etnografía científica.

Estemos claros señores, si eso pasa DENTRO de la ciencia, ¿cómo no va a pasar fuera de la ciencia en libros de divulgación al público general lego?, ¿qué va a saber un lego que la física cuántica no se puede exprimir y exprimir y seguir exprimiendo hasta sacar algo con que interpretar la naturaleza cuántica de Dios….. es simple la ciencia no toca ciertos temas, es mucho más provechoso leer metafísica de Aristóteles para establecer la necesidad de una primera causa eficiente y al mismo tiempo no necesitar ser causada sino ser ‘’potencialidad actuante o generadora pura’’ (o más o menos algo así), que tratar de establecer a Dios dentro de la ciencia, en cosas como el primer organismo unicelular vivo y la mano divina creando de una ‘’imposibilidad estadística por irrisoriamente improbable’’, las condiciones para que se creen los primeros proto organelos organizados en una pared celular lípida con capacidad de intercambio de concentraciones de iones y agua así como sobre todo, la recreación a siguientes generaciones de este arreglo hasta hoy científicamente teórico.