10 octubre, 2007

EL REINO DE ESTE MUNDO.....


Ti Noel vive como un niño. Sueña como un niño...Siente como un niño.

Los ojos del niño no ven màs allà del bien, ni màs allà del mal...Los ojos del niño ven. Secillamente ven no intelectualizan. No interpretan, ni se rebelan. Asì Ti Noel.

Los niños ven las cosas, ven las personas, ven las circunstancias, y, sin hacer juicios de ninguna ìndole las aceptan tan mansamente.

En esto estriba la diferencia en el sentir suave y refrescante del niño, y la comprensiòn a veces filosa, y a veces roma, difìcil y llena de suspicacias y malos entendido del adulto.

Ti Noel por la vida, su vida de esclavo de un señor francès, monsieur Lenormand de Mezy, tan tranquilo e inocente como si fuera libre, como si fuera èl, el señor. En efecto, èl lo era.

Vè las cosas sin la legìtima petulancia de preguntar: acepta.

Oye las cosass que se dicen a su alrededor y ni se le ocurre la legìtima necedad de interpretar nada.

Siente cerca de sì las cosas que devienen tumultuosas, borrachas de apetencias, fraticidas, y no se inmuta, no se inquieta, no porque acepta sencillamente es que està como un niño, en paz consigo, en paz con todos.

Ti Noel es un negro exuberante, hermoso e inocente. Admira y respeta a su dueño Monseiur Lenormand de Mezy. Quiere y admira de veras a otro negro, mandinga, esclavo como èl, se llama Mackandal.

Mackandal es el polo opuesto. Es rebelde, incòmodo, protestòn, cuestionador. Trabajando en el trapiche perdiò, triturada una mano y se quedò manco, eso terminò por desgarrar su rabiosamente mordia protesta, y se fuè.

Mackandal se hizo cimarròn. El cimarronaje para el negro esclavo haitiano del S. XVIII era un deber. Una obligaciòn de vergüenza. Cimarròn y terrorista. Para su terrorismo usaba las fuerzas de sus luases: Loco, Petro, Ogùn, Ferraille, Pimba Brise, Pimba Caplou, Boischeche, Legbà. Su terrorismo no perjudicaba personas sino bienes y riquezas de los malos amos.

Ti Noel querìa haberse ido con el rebelde mandinga pero se vino a enterar mucho despuès, en definitiva tambièn era una cosa como la otra, Monsieru Lenormad en definitiva era su dueño.

Las desgracias calleron sobre la colonia francesa del Haitì Español con saña. Comenzò a caer ganado primero, los amos despuès.

La desolaciòn cundiò y la persecuciòn al cimarròn se hizo implacable.

A Mackandal terminaron por atraparlo y sin pèrdida de tiempo lo llevaron a la hoguera. En vano. en Francia, la metròpoli, se levantaron voces clamando por la libertad, la igualdad, y la fraternidad. Era la Revoluciòn.

Sus gritos, y el sibilante corte de su Guillotina llegaron a la parte oeste de la isla de Santo Domingo rapidìsimo. Los tambores en la noche y la madrugada fueron in crescendo. Los luases, desde sus oscuros arcanos habìan decretado el extermino total. La guerra en el Haitì francesa estaba en piè. Muerte al blanco!

Se aboliò la esclavitud por otra esclavitud. El amo negro suplanto al blanco. Ti Noel se fue con su viejo amo blanco. Ti Noel no sabìa, o por mejor decir, si sabìa bien que los amos siempre eran todos iguales. En Santiago de Cuba estuvo con su amo blanco hasta la muerte de este en la miseria.

Y volviò a su tierra, Haitì. Habìa al norte de Haitì todo un señor emperador. Se llamaba Henry Christophe.

Alejo Carpentier, autor del "EL REINO DE ESTE MUNDO", lo describe asì:- Chato, muy fuerte, de bajo torax un tanto abarrillado, la nariz roma, la barba algo hundida en el cuello bordado de la casaca.

Su divisa era: Dios mi causa y mi espada.

Su texto oficial para encabezar las actas pùblicas de su gobierno imperial rezaba:- "Henry, por la gracia de Dios y la Ley Constitucional del Estado, Rey de Haitì, Soberano de las Islas de la Torguga, Gonaive y otra adyacente, Destructor de la Tiranìa. Regenerador y Bienchechor de la Naciòn Haitiana. Creador de sus instituciones Morales, Polìticas y Guerreras, Primer Monarca Coronado del nuevo Mundo, Defensor de la Fè, Fundador de la Orden Real y Militar de Saint-Henry, a todos, presentes y por venir, saludo"

Aquel Christophe, ex-exclavo, ahora esclavizado de sus hermanos.

Odiaba a los blancos por abusadores y ahora era èl quien abusaba.

El antiguo cocinero de la calle de Los Españoles estaba obsecionado con el Dios de los blancos, con los santos de los blancos, con los sacerdotes y las iglesias de los blancos.

Le encantaban los palacios de los blancos y las modas de los blancos.

Sus guardias obligaron a Ti Noel a cargar ladrillos, pese a las protestas de este por su edad. Ti Noel fuè esclavizado de nuevo. Estuvo cargando hasta que se terminò de contruir la ciudadela, sobre el llamado Gorro del Obispo en Sans-Souci (el de Haitì)

Sencillamente maravillosas las càtedras de estetìsmo literario del màs fino, y de lecciòn històrico-moral la que nos dà Alejo Carpentier, un cubano nunca bien ponderado en las letras latinoamericanas.

4 comentarios:

  1. Carlos Pérez12/10/07

    Una lectura entretenida, agradable y reflexiva, no había tenido la suerte de conocer a este escritor. Muchas gracias y sigue así.

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  2. leí de alejo carpentier "el siglo de las luces" y es muy atrapante, no conozco mucho de él, pero esto tambien me gustó. saludos.

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  3. Hola Carlos,gracias por tu visita, quise entrar a tu blog y parece que sòlo eres lector, pues el link no me llevò a ninguna parte...me alegro te gustara el libro...

    Un saludo amigo...

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  4. Hola Fabianna,visitè tu blog y tenemos muchas coicidencias en la elecciòn de nuestras lecturas, por aquì està El General en su Laberinto, lo puedes localizar en la categoria de libros...
    Ya seguirè dando la vuelta por tu blog, pues me gustò mucho.

    Un saludo amiga.....

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