04 abril, 2008

SANTO DOMINGO....BELLA POR SIEMPRE.....


Un cèlebre escritor dijo una vez: sean benditos los destinos que se bautizan en la tempestad.

Y nosotros podriamos añadir: asì como los destinos de la especie humana se perfeccionaron en los aguaceros diluvianos; y màs tarde los hijos de Caìn se bautizaron con la sangre de Jesùs, asì, repetimos, el pueblo, la sociedad y el individuo, necesitan para entrar en el turno de los predestinados, disfrutar, antes que todo, de la misteriosa consagraciòn de una tormenta.

Otros creìan en el fuego como ùnico medio de purificaciòn divina.

Pero de todas maneras lo que hay en verdad es que nada, ni nadie puede elevarse sobre el nivel comùn de los humanos, sin haber sufrido la bendiciòn de estas calamidades...Por tanto, Babilonia, Nìnive, Betlia, la antigua y sagrada ciudad de Jerusalén, y otras tantas que en el decurso de los siglos han caído fulminadas para levantarse luego tras una misteriosa palingenesia, estas ciudades que parecen haber sido aparejadas con la venia de todas las circunstancias puestas a su favor, representan las ondulaciones de la especie humana simbolizando sus grandezas y miserias, esas que han estado siempre sometidas a los designios impenetrables del arcano.

Y Santo Domingo, tuvo sus momentos, se estrellò una vez contra la roca de su destino. Aquello fuè como una revisiòn de pruebas. Se deshizo como se deshacian las ciudades y los pueblos que fueron creados por la mano de lo insondable: como un Ave Fènix del siglo XX que, aniquilida por el meteoro, surgiò de aquellos escombros màs radiante e imperecedera, y màs confiada en la grandeza de su destino inmortal,

Asì, pues al referirnos a la moderna Santo Domingo, a esta urbe cuya gloriosa eternidad està coronada de arcanos, dijo uno de los màs grandes escritores de nuestra Amèrica: "bendito sea tu destino porque el se ha bautizado en la tempestad".

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