27 agosto, 2007

LA LECCION DE DESCARTES....


Este notable padre de la filosofia moderna, planteò la impostergable necesidad de reestructurar, de arriba abajo, toda la filosofìa y las ciencias, hasta ese entonces elaboradas por el hombre, segùn èl por carecer de garantìas de veracidad. Habìa que remozarlo todo, lo primero que trata de romper son los cànones petrificados de la Escolàstica medieval, rompiendo radicalmente con todo conocimiento y saber anterior, conservando sòlo como ciencia vàlida y cien por ciento segura a las matemáticas.

Pero resultaba que Descartes queria una ciencia de lo real pero que fuera indubitable, y las matemàticas aunque indubitables, no son ciencia de cosas reales, sino de entes de razon. Los nùmeros como tales no son objetos palpables, no son cosas reales. El nùmero 7 por ejemplo no existe en la realidad, sino en las cosas; yo puedo tener siete pesos, o siete casas, o siete dulces...pero al siete como tal, nunca, por ello le llamamos "entes de razon", puès solo existen en la inteligencia humana.

El filòsofo, tal como decìa, comenzò su sistema filosòfico dudando de todo. Ponìa en serias dudas la validez de la razòn, aunque parezca un contra-sentido. La razòn me ha engañado ya alguna vez, no hay pues garantìas de que no lo vuelva hacer.

Descartes habla de una desconfianza un poco especial, pero que en buena filosofia estas cosas son perfectamente admisibles, desconfìa dice èl de su verdadero estado, si de vigilia, o sea despierto, o de sueño, esto es dormido.

Su ùlima gran desconfianza la situa èl en el genio maligno. Tengo que dudar de los improntos que ese genio demonìaco me induce hacer o no hacer. ¿Cuantas veces no actuamos fuera de sì? ¿Cuantas veces cometemos locuras que nos habran de pesar por el resto de nuestras miserables vidas?

En medio de este laberinto de dudas prevalecìa algo de lo que no podìa dudar, y era de que dudaba. Si dudaba era por pensaba...Si pensaba era por habìa un yo que lo hacìa...Si habìa un yo que lo hacìa era porque existìa...y ya està, el filisòfo, despues de seguir este mètodo rigurosamente deductivo, en los umbrales de la verdad: Pienso, luego existo.

Pensar y existir, las dos caras de una misma moneda. Soy porque pienso, y no por ninguna otra razòn. Pienso porque soy.

Existir y pensar son y coexisten en el yo de manera irrefutable. ¿Que cosa soy sinò el pensamiento?... ¿Què cosas no son mis pensamientos sino el estilo de mi existencia?
Mi existencia en el tiempo, no es otra cosa que la sucesiòn de mis pensamientos. Mi existencia despuès del tiempo, a la muerte, las ejecutorias, buenas o malas.

Tan importante que es la existencia. Una vez que todos nosotros, que somos ediciones ùnicas, absolutamente irrepetibles, y que hemos caido al azar, como un nùmero salido del globo de la loterìa, no tenemos mas remedio, para darle contenido a esta existencia pensando y haciendo.

Que miles de millones, desde que el mundo es mundo han pasado por la vida sin nunca pensar nada en serio, ni en grande, sino solo superficialidades, es indudable. Que el desperdicio de existencias y pensamientos ha sido enorme, no lo negamos, pero lo vale, en honor de aquellos que sì han pensando y han hecho aunque fuesen una minorìa casi invisible. Un solo pensamiento grande hace grande la existencia del yo que lo ha tenido, y con eso, solo con eso, podemos darnos por bien pagos en el universo....
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3 comentarios:

  1. Estimada Karina:
    Cuanta verdad destilan las últimas líneas que escribes en este post. Estoy totalmente de acuerdo. Me traen a la memoria aquellos versos de Machado:

    ¡Ojos que a la luz se abrieron
    un día para, después,
    ciegos tornar a la tierra,
    hartos de mirar sin ver!

    PD: Aprovecho este espacio literario para dar mi adiós a Francisco Umbral, autor inmortal de "Mortal y Rosa". Hasta siempre, maestro.

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  2. Hola amigo, me encantaba leerlo en "El Mundo.es"...cìnico, controversial, socialista, un cerebro privilegiado, ese es el estilo que mas me gusta, el inconfundible de Francisco Umbral.
    ............
    Tembloroso, solitario e indefenso, el escritor filosofa atormentado por el dolor de un niño inocente.

    JAVIER VILLAN

    Mortal y rosa pasa por ser el mejor libro de Francisco Umbral. Es un libro doloroso, íntimo, en diálogo profundo y secreto con las raíces del hombre y el abismo de la muerte. Un panfleto maravilloso contra la nada y contra el todo, una lírica diatriba contra el dolor y el absurdo de la muerte. Y de la cultura.

    Lo escribió a poco de fallecer su hijo. Un niño inocente de apenas cinco años. Eso es lo de menos. No es un padre desolado el que habla, reflexiona y crea, aunque también: es el ser solitario e indefenso, el escritor tembloroso, el intelectual que filosofa atormentado por el dolor de un niño. El poeta. Atormentado, sobre todo, por ese enigma doloroso del dolor y de la muerte. Páginas líricas, oscuros brillos que despide el hombre lacerado, la humanidad doliente y perpleja; Umbral diría perplejizada.

    Su mejor libro, sin duda. Lo malo es que pueden salir 20 o 30 mejores libros de Umbral.


    Un saludo amigo, esto es lo que dice Javier Villan

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